¿Unos Sanfermines estupendos?

Manuel Sarobe Oyarzun|

Actualizado el 25/07/2019 a las 08:37

Si el gran Francisco Ibáñez, versionando el 13 Rue del Percebe, dibujara una historieta ambientada en lo que acontece el 6 de julio en el Ayuntamiento pamplonés, el protagonismo se lo llevaría sin duda el balcón en el que Abaurrea trata de imponer la ikurriña a mordiscos y patadas. Caricaturizaría con maestría a los primarios aberchándales, para quienes ser impelidos a cumplir la ley es un acto de fascismo. Aunque algo hemos avanzado, pues los moratones denunciados por la concejala Alba son menos letales que las dos balas de 9 mm parabellum que acabaron con su compañero Tomás Caballero. Habrá que ver qué diablos hacemos con Joxe y sus mariatxis el resto de la legislatura, sabedores de que la cabra siempre tira al monte. Una opción, emulando lo ideado por los británicos para controlar a los hooligans acostumbrados a liarla parda, es que los eusko ediles sigan el chupinazo en comisaría. Más aparatoso resultaría inmovilizarlos como a Hannibal Lecter, con su bozal y todo. También podríamos intentar rescatarlos para la vida en sociedad apuntándolos a algún curso; “Democracia para principiantes”, por ejemplo.

En la trifulca se vio envuelta asimismo Gómez López. No cargaré las tintas contra la de Geroa, pues a los no nacionalistas nos interesa sobremanera preservar a quien ha conseguido reducir de cinco a dos los concejales de su coalición. Y es que, con esta progresión, no tardará en dejarla sin representación. “Eutsi gogor”, Itziar. Y luego está, un año más, lo de la calle Curia, que no es crítica política, sino puro odio. Ya saben, los colegas del defenestrado Asiron -a quien la ikastola se lleve en septiembre- zarandeando e increpando a una Corporación, que, perdiendo toda dignidad, pugna por abrirse paso entre la manada abertzale encapsulada por guardias. Si esto se cronifica me da que el cabildo acabará volviendo a la Catedral en taxi. El nacionalismo vasco, que ya se cargó el Riau Riau, se cobraría así otra pieza sanferminera.

Con estos antecedentes sorprende el balance del alcalde. Un balance, por cierto, en el que como es habitual abundan los datos sobre la basura recogida. Me pregunto si en estas fiestas tan universales no hay hechos más noticiosos que las toneladas de residuos contabilizadas. Dice Maya que los Sanfermines han sido estupendos. No hable en mi nombre, alcalde. Porque la víctima del reprobable acoso no es sólo él, sino los 43.643 pamploneses que le votaron, cuando no Pamplona entera, pues a toda ella representa. Obviar o minimizar el hostigamiento en democracia a representantes de la soberanía popular, sean del partido que sean, es un error.

Yo entiendo por fiestas estupendas otra cosa. Las no contaminadas por una política que bastante nos tensiona el resto del año. Aquellas en las que, por encima de la diversión, imperan el respeto y la concordia. Los espacios libres de toda violencia. Quién sabe si, de ser así, acabarían disfrutándolas más -y mejores- foráneos y muchos de los pamploneses que ponen tierra de por medio del 6 al 14 de julio. El descenso de más de un once por ciento en los actos programados quizás no sólo se deba a la lluvia. La decisión de los socialistas de frustrar el cambio mayoritariamente votado, para hacer descansar de nuevo el futuro de Navarra en el envalentonado universo nacionalista es un inmerecido premio a quienes se comportan del modo que este escrito denuncia. Cada día es más evidente que Chivite se ha equivocado eligiendo la compañía con la que compartir balcón en la política foral.

Manuel Sarobe Oyarzun

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