Violencia dirigida
Publicado el 13/07/2019 a las 16:45
Una vez más lo han vuelto a hacer. Son los de siempre haciendo lo de siempre. Se puede pensar que los momentos de tensión vividos en estos primeros días de San Fermín corresponden a algo espontáneo y propio del calentón del momento. Pero nada más lejos de la realidad. Corresponde a una campaña sistemática de tensionar las fiestas. Viendo cómo se comportan algunas personas en Sanfermines, año tras año, se creen dueños de la fiesta y todos los años buscan su minuto de gloria. Su comportamiento se parece más al del “pata” de nuestras fiestas.
Si buscamos la definición de violencia, el diccionario nos indica que “es el uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo” y, por supuesto, es la cualidad del violento. Está claro que la violencia, cuando es analizada en un contexto como lo es la fiesta, puede darnos muchos parámetros: violencia física, psíquica, verbal, emocional, sexual, interpersonal, etc. Pero me gustaría hablar de la acción de la violencia dirigida, que es la acción de dirigir a otros utilizando tu posición predominante o de referencia. Es una de las acciones más peligrosas y más temerarias en cuanto a la repercusión que pueden tener en los demás. No olvidemos que las fiestas de San Fermín son unas de las más importantes del mundo por el gran número de personas que disfrutan de ellas y la repercusión que tienen. Días antes se conoció cómo por parte del Ayuntamiento se prohibía la entrada a la plaza consistorial de “banderas o telas de gran tamaño con las que se pueda cubrir a un elevado número de participantes, que puedan ocasionar movimientos de masas indeseados, o cualquier otro elemento susceptible de originar daños directa o indirectamente”. Te puede gustar más o menos, pero es una ordenanza y se debe cumplir. Grupos políticos se dedicaron días antes del chupinazo a caldear el ambiente con declaraciones que poco o nada tenían que ver con el buen devenir de las fiestas, todo lo contario, iban dirigidas a crispar el ambiente.
Hemos asistido a la violencia para entrar con grandes banderas en la plaza del Ayuntamiento, hemos visto cómo a algunos concejales poco les importan las fiestas, dedicándose a generar crispación en la propia casa consistorial y hemos asistido a la violencia gratuita en la calle Curia. Todos estos episodios responden a una acción previa, por lo cual la ciudadanía tiene que tener claro qué espera cada uno de nuestras fiestas.
Gustavo Galarreta