¿El río es grande? Tafalla más
Actualizado el 12/07/2019 a las 17:37
- ¡Dile a tu madre que has meado en casa de La Dolo! El agua se le subió por las paredes y la deshaució en plena noche, pero La Dolo tiene intacta la sonrisa mientras adivina de quién soy hija y cubre las baldosas con el diario de ayer. Su casa está en la calle Martínez de Espronceda, al lado del puente al que se le cegaron los ojos. Ferretería, tienda de colchones, negocio de cocinas, pizzería, restaurante, salón de belleza, estudio de arquitectura, garajes, asociación de belenes navideños... Todo en la misma avenida e igual de destrozado. Esta no es la crónica de una riada, es el relato de una sola calle de Tafalla en la que faenaron cientos de personas durante el día de ayer. Las noticias exteriores a ese kilómetro legaban de manos de vecinos que iban o regresaban de trabajar en otras zonas: "A mi prima la han evacuado", "hemos perdido todos los coches", "ya no tengo caseta, ni huerto ni nada". Uno de mis colegas solía chincharme diciendo que las calles de mi pueblo eran de tierra. Ayer lo parecían. A primera hora de la mañana el lodazal no dejaba ver ni un centímetro de asfalto. De cada puerta salían litros de agua sucia y dentro de las tiendas parecía haber un manantial: esto no para, esto no para... El roce de las escobas contra el suelo hacía las veces de banda sonora rítmica y constante, asaltada de poco en poco por el estrépito de los escombros que se acumulaban teñidos de marrón. A los montones volaban desde libros hasta fotocopiadoras o armarios y miles de tornillos decoraban la calle a modo de estampado. La alfombra de lodo desapareció a mitad de la tarde después de un trabajo durísimo y un máster en uso de escobas, cepillos y manguerazos. Llegaron a escena unos escobones enormes, una especie de limpiacristales de otra civilización. Una maldita maravilla. Los colores reales del suelo de cada negocio volvieron a revelarse, se respiró algo más de ánimo. Los desastres tienen un punto bueno, quizá el único. Todo el mundo se vuelca. Puede que no hayas perdido nada, pero inviertes tu tiempo y energía en rescatar el negocio o la casa de tu familiar, tu amigo, tu vecina, tu desconocido. Y esa persona a la que ayudas es capaz de bromear aunque esté rota. "Uf, mira cómo se ha quedado el ordenador... En Apple se van a inspirar para hacer el VictiMac", "vamos a secar los discos duros, ¿compro arroz bomba o del normal?". La solidaridad aparece en forma de voluntariado y de café en un puesto improvisado. "¿Cortado, solo, con leche? También hay sobaos, naranja y melón. Llévate lo que necesites. Oye, tú tienes mala cara, siéntate que ahora te llevo unas galletas". Esta semana nadie es concejal, ingeniero, enfermero, músico... Esta semana Tafalla es (somos) auzolan. Si el río es grande, Tafalla más.