Buena praxis en Urgencias
Publicado el 26/06/2019 a las 10:48
Nuestros gestores - políticos y los pacientes nos exigen un trabajo de calidad, excelencia, pero para eso hace falta tener el tiempo suficiente y necesario en las consultas y establecer una adecuada relación medico-paciente, y esto en Urgencias, se complica. Atendemos a pacientes cada vez mejor informados, que demandan mayores explicaciones y requieren más dedicación. La saturación de los servicios, la falta de médicos, el envejecimiento de la población que conlleva atender pacientes pluripatológicos y polimedicados que precisan un mayor tiempo para una correcta evaluación, y esta situación aumenta la posibilidad de cometer errores.
Nuestro Código de Ética y Deontología Médica nos obliga a denunciar la Administración, como responsable directa, y reclamarle que ponga los medios razonables, tanto materiales como humanos, para que los sanitarios puedan trabajar con seguridad y conforme a la “lex artis” o “buena praxis” y disponer del tiempo necesario para prestar la atención médica en términos de calidad y de buena praxis. Nos encontramos ante un problema que nos afecta a los médicos de manera directa, que ha generado no pocos conflictos entre nosotros, y la situación ha sido generada por nuestros políticos-gestores.
No podemos ser cómplices de la ineptitud de nuestros gestores. Es nuestra responsabilidad denunciar las situaciones que ponen en riesgo a nuestros pacientes (Sindicato Médico Navarro).
Ante una reclamación, el médico tendrá las pruebas de que la situación existía y había sido denunciada a sus superiores, y a menos de que la actuación del médico haya sido catalogada como de “mala praxis” con “daño ostensible” y que ambos tengan “nexo de union” (lo cual hay que demostrarlo), los pacientes si estiman oportuno, pueden denunciar directamente en Atención al Paciente o a través de abogados, dejando clara que la reclamación-denuncia es contra la Administración (responsable directa) y no contra el médico, que ya de por sí está muy castigado y es el que esta dando la cara por los pacientes. Las reclamaciones contra los sanitarios por supuesta “mala praxis”, por supuestos “errores médicos”, la mayoría de las veces no son mas que complicaciones inesperadas de la propia evolución de las enfermedades. Además estamos ante una situación en donde los políticos les han vendido a nuestra sociedad, que todo son derechos, incluido el derecho de que todos los pacientes sean curados y en el menor tiempo posible. Esto simple y llanamente es imposible y falso, porque por Ley, el médico no está obligado, ya no solo porque hay enfermedades que no tienen cura, sino porque la Ley nos dice que los médicos tenemos obligación de hacer una medicina de medios y no de resultados, y poner al alcance de nuestros pacientes, todos lo medios materiales y humanos (conjuntamente con otros médicos especialistas en equipo) necesarios en cada momento y ayudados por los protocolos existentes en la ciencia actual, procurando así los mejores resultados posibles. La medicina no es una ciencia exacta y no hay enfermedades sino enfermos, por la gran variabilidad entre los pacientes, pero lo que sí le debe de quedar claro a la sociedad, es que los médicos siempre quieren lo mejor para sus pacientes. Aunque no siempre se consigue.
Otro tema tema que nos afecta a los médicos y que muchos de ellos no saben que lo están padeciendo, es el síndrome de Burnout o síndrome del médico desgastado o quemado. Es una enfermedad reconocida por la OMS y entre los síntomas que experimentan los profesionales que la sufren están el sentimiento de agotamiento, una reducción del rendimiento laboral y unos sentimientos negativos relacionados con el trabajo. Es una actitud cínica o distante frente al trabajo (despersonalización) y una sensación de ineficacia y de no hacer adecuadamente las tareas. A ello se suma la pérdida de habilidades para la comunicación. En Navarra se estima que
aproximadamente un 50% de los médicos tienen o pueden tener un S. de Burnout y un 39% de los facultativos ha asegurado alguna vez, que una reducción de la presión asistencial sería una primera medida para prevenir esta enfermedad. Malos tiempos para los médicos pero los más perjudicados serán los pacientes. Quienes pueden cambiar esto son los políticos, pero las esperanzas de que así sea son nulas.