La ermita de San Zoilo y su portada abocinada

Carlos Sola Ayape|

Publicado el 14/05/2019 a las 08:41

Como cada 15 de mayo, la ermita de San Zoilo de Cáseda se convierte en el centro de reunión no solo de los casedanos, sino también de aquellos que quieren salir al encuentro para unirse a esta fiesta popular, a su tradicional romería, a su liturgia centenaria, a la mesa del común donde no falta el pan, el vino y el chocolate. Día grande y de los que se recuerda, donde todos son bienvenidos para que nadie se sienta extraño.


Al acercarse a este enclave medieval, los visitantes, romeros todos, dejarán sus huellas sobre el polvo del camino. Cruzarán el puente por donde transcurre el regato de cristalinas aguas, llegarán después hasta el ábside medieval que se asienta sobre la cañada real, cruzarán por sus dos arcos adovelados antes de ingresar al atrio y se pararán frente a la portada abocinada gótica, como lo han venido haciendo cientos y cientos de generaciones de casedanos a lo largo de la historia. Siempre agradeceré a mis padres el cariño que desde niño me inculcaron por la ermita de San Zoilo, porque en Cáseda no hay infancia sin ermita, ni tampoco se concibe la ermita sin la presencia de la infancia. Poco a poco, los romeros se adentrarán y llenarán el templo cuyos cimientos se remontan a los primeros años del siglo XIV. Las flores y las espigas adornarán el altar para engalanar al santico cordobés. Se escuchará la misa, emocionará la jota y se sentirá el pellizco en el alma.

Desde su interior, la luz del mediodía se filtrará por las vidrieras de los vanos ojivales, se contemplará la paleta cromática de las pinturas murales de la cabecera del ábside y se dejará ver el singular conjunto de grafitos que decoran los muros sur y norte, evocando hazañas navales de lejanos tiempos pretéritos.


Durante estos años, y con el concurso de todos, hemos ido recuperando muchos de los elementos artísticos que conforman la singularidad del recinto y que encarnan la magia sinigual que nos brinda esta ermita casedana. Superadas las dudas del pasado, la sociedad civil ha ido caminando de la mano de las instituciones responsables o de aquellas que en momentos dados nos han brindado la oportunidad de una colaboración conjunta. San Zoilo es el ejemplo de lo que significa arrimar el hombro y caminar todos juntos y a la vez. Nuestro agradecimiento y reconocimiento se ha hecho deber, entre otros, al Ayuntamiento de Cáseda, a Cederna, a nuestros mecenas y, cómo no, a los socios de nuestra asociación que con su respaldo desde hace años nos alientan para seguir hacia adelante. Gracias a cada granito de arena hemos ido haciendo montones y más montones, y los logros están ahí para verlos y contemplarlos. Entre todos hemos hecho de la ermita de San Zoilo un lugar de referencia cultural. El número de visitantes aumenta cada año y se ha convertido en un escenario obligado para la realización de múltiples actividades culturales. Y es que su encanto atrae y atrae mucho.

Hoy por hoy, nos congratula el proyecto municipal de recuperación de las casas anexas, verdadero depósito de una memoria habitacional y cultural, de la que tenemos evidencias documentales desde el siglo XVII. Su preservación es obligada porque la ermita es a su entorno como el entorno es a su ermita. No obstante, nos sigue preocupando el estado en que se encuentran algunos elementos estructurales de la portada abocinada, ante el progresivo deterioro que están padeciendo especialmente las archivoltas y las jambas laterales, muchas de ellas lamentablemente desaparecidas. El mal de la piedra va convirtiendo en polvo algunas de sus partes y se detecta el desprendimiento de los baquetones a un ritmo acelerado. Algo habrá que hacer y algo terminaremos haciendo. Mientras tanto, y tras el señalamiento, a celebrar el día de San Zoilo, ahora que va mediando mayo.

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