Día Internacional de la Familia

Arancha Caballero Sagardía|

Actualizado el 14/05/2019 a las 08:26

Construir es una de las palabras más bellas que existen. Un verbo de ”casta“, lleno de esperanza e ilusión. Construir es fácil cuando tu deseo es construir. Recorrer implica experiencia y ritmo para volver a descubrir viejos caminos… y vislumbrar nuevos retos. Construir es fácil con los ojos cerrados… es al abrirlos cuando duele. Duele el recorrido… duele la vida… duele construir… construir duele. Construir es mirar con nuevos ojos, ver lo que antes no viste, correr un ”tupido velo“ y disfrutar del recorrido. Construir es como respirar. Un acto casi automático que no conoce límites ni fronteras. A veces la respiración se acelera e influye el ritmo de tu recorrido, pero has de saber, que hay un ”ritmo” para todo… y ”todo” a su ritmo. A veces la vida marca tus ritmos… pero tú eliges cuanto te marcan esos ritmos. A veces la vida te limita el recorrido… pero el recorrido nunca limita tu vida. A veces construir duele… pero siempre duele construir. Para construir es imprescindible recorrer… y para recorrer es necesario haber corrido… arriesgado… amado… vivido. A veces construyes en silencio… otras te cuesta construir. Construyes siempre… siempre que decides construir. Ser constructivista en familia es tanto como fomentar patrones de conducta propositivos, creativos. Ser constructivista no significa hacer de tus hijos ejemplares de lo que siempre quisiste ser. Nada que ver con eso. Vygotsky afirma: "de los problemas nacen las teorías". No existe la familia perfecta. Ni siquiera esas fases de las que todos hablan con un carácter innatista. Pero existe la familia. Con sus excentricidades, carencias, ambivalencias. Y cada familia es perfecta en sí misma. No existe la familia disfuncional. Porque puede que lo que para ti sea disfuncional para mí no lo sea tanto. Para uno mismo, su familia puede ser condicionante, limitante... pero nunca disfuncional. Disfuncionales pueden ser las relaciones entre sus miembros o sus estilos de crianza, pero la familia de uno siempre es la mejor. Simplemente, porque no conoce otra, al menos, hasta que la crea. La sangre no te hace familia sino pariente. Y uno no elige a sus parientes pero siempre puede elegir a su familia. Es un concepto antropológico, dinámico y cambiante en continua sinergia con el entorno que le rodea. Y mientras tú y yo sigamos creyendo en la familia como ese valor seguro, que da sentido a nuestra sociedad, la familia seguirá creciendo, en cualquiera de sus formas, casi tanto como tu autoestima y, hasta la mía.

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