Los problemas del mundo no son nuestros problemas
Publicado el 05/05/2019 a las 13:31
Muy pocas personas lloran por “el cambio climático”, “el hambre en el mundo”, “la obesidad infantil”, “las grandes enfermedades” o “las muertes en la carretera”. En cambio, casi todos lo hacemos cuando hace un calor asfixiante, cuando sufrimos hambre aguda, cuando el doctor nos informa que nuestra hija de 6 años padece diabetes tipo 2, cuando le detectan cáncer a uno de nuestros familiares o cuando un amigo muere en un accidente de moto. Esto no nos convierte en malas personas, simplemente la vida es así. Nos afectan los problemas que nos incumben a nosotros o a nuestro círculo cercano. No es de extrañar que la eficacia persuasiva del captador de ONG que te asalta en la salida del metro sea prácticamente nula. En la mayoría de casos, te está hablando sobre problemas que suceden a miles de kilómetros de ti. Fijémonos en el caso Notre Dame: 850 millones de euros en donaciones en menos de 48 horas. ¿Increíble? Para nada. Notre Dame era el monumento más visitado del mundo. Cada año recibía aproximadamente unos 12 millones de visitantes, cuya selfie delante de la mítica catedral gótica se convertía en uno de los momentos destacados de su viaje. Notre Dame formó parte activa de uno de los momentos de ocio y felicidad de muchas personas, confirmando esto un hecho: el ser humano puede llegar a ser muy vulnerable y empatizar mucho, siempre y cuando identifique el problema como suyo, como parte integrante de su vida.