El hartazgo

Ángel Garde Lecumberri|

Publicado el 23/04/2019 a las 07:50

Apenas ha comenzado la campaña electoral y ya estamos deseando que se acabe. Vivimos en un circo permanente, en un postureo constante que provoca el hartazgo de los ciudadanos y la desafección con nuestros representantes políticos. Uno escucha mensajes tan bonitos como vacíos, promesas que se lanzan al vuelo sin ninguna intención de cumplir, mensajes contradictorios, camuflajes pasajeros, todo con tal de llegar al poder o no ser desalojados del mismo, según la posición de cada formación. Todo el mundo invita, pero nadie dice quién va a pagar la ronda...

Te prometen la luna, tienen la solución de nuestros problemas al alcance de su mano, de todos se acuerdan a la hora de pedir el voto, pero rápidamente se olvidan una vez conocido el resultado electoral.

Uno lee las prebendas de todo tipo que disfrutan nuestros políticos y lo compara con las exigencias al resto de los mortales. En cuestiones de sueldos, pensiones, dietas, cesantías, etc, es tan escandaloso que uno empieza a entender por qué hay personal que se dedica a estos menesteres que no sale ni con aguarrás de este mundillo. Para más inri, conocemos que los altos cargos con plaza de funcionarios de este Gobierno que tanto nos quiere y se preocupa de nosotros recibirán un 25 por ciento más desde que se reincorporen a su puesto y hasta el día que se jubilen. ¿Cómo les explicas esto a los regantes de Funes que se han visto obligados a pagar la terminación de una obra vital y tantas veces prometida? Alguno ya habrá calculado que el importe al que ellos hacen frente es el que en poco más de un año se van a embolsar estas pocas personas. ¿Y a las madres que reclamaban frente al Parlamento no ser menos que cualquier madre del resto de España? Va a ser difícil, como pide el consejero de turno, en plena campaña de la renta la implicación de la sociedad para denunciar el fraude fiscal de los pequeños cuando tienes delante este panorama.

Díganle al ciudadano que sufre las incomodidades de las listas de espera, las deficiencias en la educación, el estado de nuestras vías de comunicación, que contribuya de buen grado a las arcas forales, que se deje achicharrar alegremente cuando tiene la sensación de que sus impuestos se dedican muchas veces a cualquier ocurrencia de aquellos a quienes elegimos supuestamente para resolver y mejorar situaciones. Con pólvora del Rey, buen tiro, dice el refrán. Y si favorece a los amigos, mejor.

¿Pero qué podemos esperar de unos políticos que mienten hasta en sus currículos? ¡Si hasta nuestro amado líder es capaz de dar el pego, nunca mejor dicho en la elaboración de su tesis! Claman contra los ricos desde sus casoplones, hablan de corregir desigualdades desde sus mariscadas y juergas pagadas con el dinero destinado a los trabajadores. Somos un pueblo que se deja llevar por quienes excitan las más bajas pasiones: guerra civil, los ricos, los otros. Siempre son los otros. Lo triste es que parece que eso da réditos electorales a caudillos mediocres encantados de haberse conocido. Y con una crisis a la vuelta de la esquina, barra libre para todos no parece ser la solución. Así que cuidado con los deseos, que a veces se convierten en realidad. El último, que apague la luz, si esto sucede.

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