Lágrimas desde el cielo

Amelia Guisande|

Publicado el 22/04/2019 a las 08:26

Fue el pasado martes 16 de abril, cuando dos noticias de signo contrario centraban mi atención. Las mismas hacían referencia de una parte al devastador incendio declarado hacia las 18.50 sobre el armazón que sostiene la cubierta de la catedral de Notre Dame, en la capital francesa y de otra parte, la presentación en sociedad por científicos de la Universidad de Tel Aviv de un corazón en “vivo”, fabricado con tejido humano impreso en 3D. En ambos sucesos quien adquiere verdadero protagonismo es el corazón, si bien con tintes claramente distintos. Era Lunes Santo: muchos parisinos habían finalizado su jornada laboral y de regreso a sus casas bajo ese cielo primaveral destaca la presencia de una densa columna de humo, que virulenta y desatada ascendía compitiendo y aprisionando a esa flecha de Viollet - le - Duc, cuyo hundimiento se preveía inminente. Ese fuego en principio incontrolado y destructor se ensañaba con la catedral de Notre Dame, recinto arquitectónico sagrado concebido como un espacio esencialmente luminoso, declarado Patrimonio Mundial de la Unesco y símbolo de la Capital Francesa, y nos sumía en el dolor y en la consternación a cuantos con mirada atónita seguíamos la devastación provocada por el mismo, y es que Notre Dame de alguna manera nos hace sentir que nos pertenece a todos. Más, en esa dura batalla librada contra el fuego se recoge un enorme despliegue de valores humanos, resumidos en ese titánico esfuerzo indestructible al desaliento, que empujaba y sostenía a ese cuerpo de bomberos durante esa larga lucha de nueve horas por controlar el fuego, y salvaguardar la integridad del edificio, tratando de evitar el desplome del mismo. También, en el importante hallazgo científico está muy presente el esfuerzo continuado, aunque aquí la dirección del mismo viene en cierto modo condicionada por el curso de la investigación, la cual supone un avance, abierto a la posibilidad de poder realizar trasplantes en un futuro. En ambos casos queda todavía mucho camino por recorrer, pero en los dos también está presente el tiempo a determinar, que sin duda nos permitirá escuchar de nuevo el palpitar de sendos corazones.

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