Cuando se vela por nuestro patrimonio
Publicado el 19/04/2019 a las 10:25
Sangüesa está de enhorabuena. El lunes 15 de abril se instaló en Santa María la Real la última talla de las cuatro que, en 1943, desaparecieron de su lugar natural flanqueando el presbiterio, para dedicar las décadas siguiente a conocer parte de Navarra.
Todo comenzó hace más de cinco años cuando nuestro párroco, José María Martincorena, armado de una fotocopia de muy mala calidad de una de las primeras fotografías que existen de nuestro templo mariano, decidió dedicarse a la búsqueda de las muy notables tallas que se entreveían en la fotografía, que no son otros que los cuatro padres de la Iglesia: San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo. Los primeros resultados no tardaron en llegar gracias a los testimonios de los parroquianos, pudiendo localizar de manera pronta dos de ellas sin salir de nuestra ciudad: San Jerónimo en el convento Capuchino, y San Agustín como corresponde, en el convento de las Madres Agustinas Comendadoras. Los dos siguientes ya costaron algo más, contando con la intervención de Carlos Ayerra quien identificó a nuestro San Ambrosio en el almacén del arzobispado. A final de 2018 y por intercesión de Príncipe de Viana, por fin, apareció el cuarto. Todos ellos, nada más localizarse, fueron trasladados directamente al taller de restauración Sagarte, donde Blanca Sagasti y su equipo de restauradoras han demostrado nuevamente su profesionalidad y buen hacer, devolviendo a las cuatro tallas su antiguo esplendor.
Ante la imposibilidad de instalarlos en su lugar original, la parroquia decidió instalarlos en la capilla del baptisterio, intermediando entre santo y santo uno de los antiguos cuadros que los separaban en su ubicación original, e incluso localizando y rehabilitando dos de sus peanas originales, devolviendo así a nuestra iglesia un conjunto artístico tan original como único. ¿El porqué escribir este artículo? Porque de un tiempo a esta parte, excepciones como las de el Ecce Homo de Borja, o el San Jorge de Estella, copan titulares durante meses como escarnio contra la Iglesia y sus componentes, más allá, mucho más allá del interés artístico de la actuación. Pero nunca nadie da voz a la regla de esas excepciones, que son el resto de actuaciones muy notables que se llevan a cabo periódicamente en toda España y que, por muy meritorias que sean, parecen no merecer ni una simple felicitación pública. En Navarra hay excelentes restauradores. Casi tantos como religiosos encomiables que además de atender las cuestiones del espíritu, siguen velando día a día por nuestro patrimonio. Un patrimonio que de no ser por la Iglesia se hubiese perdido para siempre.
Desde aquí mi más sincera felicitación a José María Martincorena, al equipo de restauración de Sagarte, y a los activos de Príncipe de Viana que han hecho posible que Sangüesa recupere parte de su historia, y por la puerta grande.