Autismo

Arancha Caballero Sagardía|

Publicado el 02/04/2019 a las 12:53

Acabamos de celebrar el día mundial del autismo. Somos muy de celebrarlo todo... echo de menos el día mundial de la "normalidad" si es que existe. Cuanto más estudio acerca del espectro autista menos claro me queda su "gloriosa" existencia. Este supuesto síndrome caracterizado por la falta de empatía y sociabilidad en el niño... si lo "normal" es que permanezca en el egocentrismo hasta los seis años y pretendemos que sean súper sociables con dos. ¿Empatía? Cuando ni siquiera tienen capacidades cognitivas plenas. Contacto visual restringido... puede responder simplemente a un estilo de crianza. Conductas estereotipadas, ¿qué queremos hijos o robot de cocina? Y lo más heavy: en los vídeos que visualizo están todo el tiempo grabando a los niños sin estimularles de ninguna otra forma, así cualquiera te hace caso. Tiene que ser agotador. Ecolalia... No, si te parece, te va a cantar la Biblia en verso. Si lo normal es el estilo de aprendizaje por imitación. Retraso mental. Superdotados cuando la inteligencia se regula y se equilibra. Igual solo han aprendido antes o después. Lo de medicarles ya... ese es otro tema. Sami Timimi lo explica bien. Conclusión: los niños son niños. Pero no les dejamos ser. Más bien les domesticados. Y hablo de varias etiquetas al mismo tiempo, porque tienden a confundirse entre ellas casi con la misma legitimidad con la que Pilatos preside el balcón de Urbasa. El desarrollo es diferente en cada niño, la emocionalidad es distinta, hasta la conducta es muy diversa. Pero, si es muy movido le llamarán TDAH, si es algo retraído, con suerte, asperger será su apellido, y si sus tiempos de aprendizaje son algo más lentos que los de la mayoría... no se librará de un posible retraso mental. Y así, te animarán lo antes posible a regular una discapacidad para tu hijo aunque sea para tenerla guardada en un cajón, a llevarle a tal colegio convirtiendo el derecho a la educación, en algo mucho más limitado y restringido. Convirtiendo el desarrollo normal del niño en un cajón de sastre en una especie de "big fish" en la que todo tiene cabida. Una cosa es cierta. Si el límite de que un problema se convierta en trastorno es el grado de sufrimiento del niño... te aseguro que acabará mereciendo el ansiado diagnóstico, aunque solo sea por el efecto pigmalión. Es más fácil que él acabe actuando como se espera de él a que tú aprendas a quererle tal y como es. Porque los niños nacen completos y cuanto más trates de completarlo más incompleto te parecerá. 

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