Emociones en primavera
Publicado el 01/04/2019 a las 21:28
La primavera es una de esas estaciones que ”despiertan“ en nosotros ambivalencia. Por un lado, esperamos con ansia los primeros rayos de luz que alimentan nuestro cerebro y nos llenan de alegría… y, por otro, es la estación más ”traicionera" en cuanto a emociones se refiere. Si a eso le añades la epidemia de alergias varias, tienes como resultado… una especie de montaña rusa que hay que aprender a manejar. Basta que guardes el abrigo para que el tiempo te demuestre quién manda. Y si te ”emocionas en exceso” con la llegada del buen tiempo, acabarás más extraño que Adrian Monk viendo "50 sombras de Grey". Y no pienses que llegó para quedarse, que en menos de lo que piensas…" ni rastro” quedará del buen tiempo. La primavera es la etapa perfecta para ”renovar espíritu" y proponerse nuevas metas (alcanzables) sin descuidar factores como la alimentación o el ejercicio físico. La primavera es como el miércoles. Siempre a caballo entre el tedioso lunes y el fin de semana. En primavera afloran las emociones casi tanto como las gramíneas y las tristezas... así como sauces. Y lo malo es reprimirlas, pensando que ya pasarán. Pocas cosas hay más terribles que reprimir nuestros deseos y pensamientos, bajo la falsa premisa de que se irán. A veces, el deseo que se vayan es tan grande que acaba por instaurarse en nosotros y hasta echando raíces dentro de uno. Cuando reprimir (lo que sea) se convierte en hábito, la insatisfacción se convertirá en costumbre. Cuando escucho a alguien decir "no tengo que tener pensamientos irracionales" con la fuerza de un mantra, le pregunto, ipso facto, qué es o no irracional. Igual lo que para ti es irracional para mí puede que no lo sea tanto. Yo animo a las personas a permitirse sentir lo que sea que sienten, a acogerlo como lo que son... pensamientos, a aceptar que están ahí para dejarlos ir justo después. Sino, probablemente, esos pensamientos adquirirán más fuerza que un tsunami... y, en menos de lo que piensas, se acabarán convirtiendo en lo único que tienes. Por eso, antes de recomendar a alguien que no tenga pensamientos irracionales, le diría que los escuche con atención y delicadeza, algo así como escuchas a una caracola de mar. Porque solo así acabarás acogiendo tu realidad así como escuchas las olas del mar. Y tu vida interior permanecerá rica así como el ruido de las olas en tu pensamiento. Porque escuchar es tanto como estar presente y estar presente es tanto como ser flexible a la vida y a todo lo que hay en ella. También a esos pensamientos que para alguien serán "irracionales" pero que forman parte de tu idiosincrasia particular.