Chemtrails y otras paradojas
Actualizado el 18/03/2019 a las 09:09
De paradojas está llena la vida y los cementerios. Y lo comprobarás a la velocidad que observas el cielo o agarras cinco kilos. Sí. Ahí, descubrirás, así como el gato de Schrödinger, que la física cuántica es al sentido común, lo mismo que la lógica a la gallina y el huevo. O sea, paradójica. En psicología hablamos de sentido común y de lógica como si de la Biblia se tratara, sin reparar en que los teatros de la vida desafían constantemente cualquier parámetro para pensar y decidir con claridad. Siguiendo esa supuesta "lógica" tendríamos que "el cuadrado perdido" es a la gestalt lo que los chemtrails para María Martínez (paradoja). Y de seguir así, acabaremos pensando que si un número infinito de monos escribieran a máquina por un intervalo infinito de tiempo, acabarían escribiendo las obras de Shakespeare. Y quien dice mono, dice una larga lista de profesionales aburridos en busca de acción o aventura. A mí no me importa lo que piense la mayoría. Mejor dejar el experimento de Triple para los gimnasios, que igual tus balas no son las mías pero las de ahí arriba nos afectan por igual a ti y a mí. Y seguir negando la mayor es como volver a la obscuridad de la caverna una y otra vez, ya sea por hábito o por costumbre. Justificar por costumbre que están fumigando por hábito... es como vivir en la continua negación. Y no hace falta ser Nikola Tesla ni María Martínez para que aparezcan hasta debajo de las piedras un sinfín de científicos superintendentes tratando de justificar lo injustificable. Que, a fin de cuentas, esto tampoco es Abilene. La paradoja de Abilene es una situación estudiada en el campo de la sociología en la que un grupo de personas realizan una acción que no quieren realizar (individualmente) porque ningún miembro está dispuesto a objetar algo o negarse.
En una calurosa tarde, un matrimonio y su suegra están jugando al dominó a la sombra. El suegro propone hacer un viaje a Abilene (un caluroso viaje de más de 80 km). La mujer acepta "¡Gran idea!". El marido dice: "A mí me parece bien, espero que a tu madre también». "Por supuesto", responde. Tras realizar el viaje, con más horas de lo previsto, malhumorados y agotados, la suegra dice: "Menudo viaje. Hubiera preferido quedarme en casa, pero acepté porque estaban muy ilusionados". El marido reconoce que vino sólo para satisfacer al resto ya que pensó que estarían aburridos, mientras que la mujer sostiene que aceptó para no estropear el plan de los demás. Finalmente, quedan perplejos. Decidieron en común hacer un viaje que ninguno de ellos quería hacer.
Hay quien te involucra en sus guerras así como los chemtrails el sábado en la capital Navarra y alrededores y no entienden un no por respuesta. Pero has de saber que, en esos casos, tu responsabilidad acaba donde empieza la suya. El miedo puede ser cómodo, puede ser rutina... pero no puede ser siempre. Y cuanto mayor sea el tamaño de tus argumentos... mayor será el placer de quien disfruta rebatiendo su propia disfuncionalidad.