El maestro mejor fue fray Ejemplo (2)

Ángel Sáez García|

Publicado el 14/03/2019 a las 18:06

(Sigue.) Ahora bien, a fin de hacerlo más verosímil, me he fijado en las bases de un certamen real que, para dicha modalidad, exigía esta sola condición, que no superara las quince líneas (cuerpo 12). Por tanto, he acomodado mi urdidura a dicho requisito y la he adelgazado hasta cumplirlo. La versión definitiva es el diálogo que sigue. Lo mantienen dos amigas íntimas por teléfono: EL “COMPLEJO DE ESPERANZA” —Ayer, por la tarde, acudí con mi marido, Luis, a nuestra primera reunión con la mediadora de pareja. —¿Mediadora? ¡Mira que eres antigua! ¿Es que no ves la tele, ni oyes la radio, ni lees los diarios digitales y de papel? ¡No me creo que no te conste la palabra de moda, “relator/a”! —Pues no. Al meollo, que tengo que hacer la comida. La susodicha nos dijo que el problema que arrastramos viene de lejos, de cuando decidimos matrimoniar. Ese día cometimos ambos un error mayúsculo al dar rienda suelta a nuestras respectivas expectativas. Luis se equivocó al creer, a pies juntillas, que yo no mudaría de actitud; y yo al barruntar que Luis cambiaría su carácter y comportamiento. Lo llamó el “Complejo de Esperanza”. Por Aguirre, supongo, que otrora se quejó de que le hubiera salido tanto consejero de su gobierno rana. En plata, que, cuando yo veía en Luis a mi príncipe azul, el batracio ya era rana. Recuerda la última frase que leímos en “La Regenta”, de Leopoldo Alas, Clarín: “Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo”. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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