Sobre la exposición de José Alfaro en Tafalla
Publicado el 06/03/2019 a las 09:24
Conocí a José Alfaro Cillero en Tafalla, donde comencé el ejercicio de mi carrera profesional el año 66. Allí fuimos acogidos, mi mujer y yo, por unas buenas gentes que nos brindaron generosamente sus cordiales hospitalidad y amistad; entre ellas y muy destacadamente sus hijas Marisa y Pili. Por ellas conocimos a sus padres, José y Elisa, bondadosísima mujer. José fue un gratísimo hallazgo. Guardo de él el recuerdo de un hombre cabal, muy inteligente, serio, con enorme sentido del humor, gran sabiduría a lo “Séneca” que comunicaba con un muy bien dosificado discurso, y una habilidad manual, trasunto y prolongación digital de todo lo mucho que tenía dentro de sí. ¡Cuántas y qué bellas vivencias de aquellos encuentros con José! Como ese entrañable álbum por él titulado “Hojas Secas”, colección de recortes y fotos de su vida y su familia de muchos años atrás, mostrando su exquisita sensibilidad. Alguna vez tocamos el tema de “la Guerra”: ausencia absoluta de odio, resentimiento y muy generoso silencio de los que tanto daño hicieron a él y a su esposa. Nada de nombres de los más destacados activistas de la zona. Todo un señor y un maestro, cuyas lecciones más claras se vehiculaban en su exquisito comportamiento, siempre presentes en nuestra razón y en nuestros corazones. Gracias a Javier por este recuerdo y homenaje a su abuelo, más que merecido. No podrá decir lo de León Felipe: “¡Qué lástima que yo no tenga un mi abuelo que ganara una batalla!”. Él ganó la más importante, la de la vida y el ejemplo a todas las gentes de buena voluntad. Con estas líneas quiero sumarme, tan callada y modestamente como de forma cordialísima a él, al mismo tiempo que agradecer a los Ayerra Alfaro y a los Hualde Alfaro esa ya dicha acogida tan cercana, no olvidada, a pesar del tiempo y de la distancia.