Totalán y Etxarri Aranatz

Manuel Sarobe Oyarzun|

Publicado el 03/02/2019 a las 09:23

El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Hay hechos que nos reconfortan con él y otros que nos hacen renegar. Ha sucedido, respectivamente, en Totalán y Etxarri Aranatz.

Emociona la entrega con la que todo un país se volcó en rescatar a un niñito de las entrañas de la montaña que lo engulló. La muerte de Julen no empaña la heroica gesta de ingenieros, bomberos, guardias civiles y mineros, grabada en nuestra memoria. El otro extremo lo encontramos en Etxarri Aranatz, ahora que se cumplen 40 años del asesinato de Jesús Ulayar. Una historia que hiela la sangre. Vicente Nazábal le descerrajó cinco tiros en presencia de su hijo Salvador, de 13 años, que se arrodilló ante su “aita” ensangrentado implorándole que despertara. Fue tan sólo el inicio de un calvario. Hubo quien brindó con champán. El ayuntamiento -con mayoría del PNV- acordó no reconocer a los tribunales que juzgaron a los criminales y pidió su libertad. Sus fotografías se exhibieron en el balcón de la casa consistorial. Ya en la cárcel, recibieron dinero de unas arcas municipales sin fondos para socorrer a la viuda y los cuatro huérfanos que dejaron. En el lugar en el que Ulayar fue ejecutado colocaron contenedores de basura. La fachada de su casa se convirtió en un mural para ensalzar a ETA. La plaza contigua pasó a denominarse “Plaza de los gudaris”. Ya libres, los asesinos fueron agasajados como héroes. Nazábal fue nombrado hijo predilecto merced a la abstención de PNV y EA. Nafarroa Bai desoyó la petición de revocar esta infamia cuando, tras la ilegalización de ANV, ocupó todas las concejalías. El asesino -que pateó en la calle a un hijo de Jesús- fue premiado con el lanzamiento del chupinazo de las fiestas. El pasacalles organizado en su honor desfiló por delante de la casa de los Ulayar, a la que fueron a pedir para sufragar el programa festivo. El matarife, que no se arrepiente de su fechoría, ejerce de abogado en el bufete de un tal Patxi Zabaleta. Su hermano Juan, coautor del delito, trabajó de psicólogo en el colegio al que asistían tres nietos del asesinado. En 2004 los batasunos intentaron boicotear el homenaje a Jesús que congregó a dos mil personas en un Etxarri desierto, con las ventanas cerradas y abundante cartelería proetarra. Los verdugos figuran como víctimas en el “mapa del sufrimiento” elaborado por el ayuntamiento y subvencionado por Barkos. El pasado domingo un hijo de Jesús depositó cuatro rosas en la casa familiar en recuerdo del fatídico aniversario. Fueron destrozadas. Me pregunto cuántas veces puede asesinarse a una misma persona. Si la lectura de este relato descarnado les resulta insoportable, imagínense lo que ha tenido que ser vivirlo.

La maldad ha alcanzado el paroxismo en Etxarri Aranatz. Su realidad supera la ficción de la novela “Patria”, en cuyo final se atisba un arrepentimiento y una reconciliación inéditos en la localidad de Sakana. Llegará el día en el que, vencido el miedo, un pueblo no gobernado por el tóxico Bildu desagravie a los Ulayar. No sé si lo verá mi generación. Hasta entonces, ninguno de los etxarriarras que, por acción u omisión, ha participado en este oprobio encontrará la verdadera paz. Sueño incluso con que la villa nombre a Jesús hijo predilecto a título póstumo y también con que un nieto orgulloso de su “aittuna” tire un cohete de fiestas que ascienda hasta los confines del cielo para anunciarle que por fin podrá descansar en paz.

En tanto no arribe ese día, hago una súplica a los vecinos de Etxarri Aranatz. Parad. Por misericordia, parad. Por piedad, parad. Por lo que más queráis, parad ya. Aski da, mesedez.

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