La Iglesia está y estará siempre viva
Publicado el 03/02/2019 a las 09:26
La carta de Carmen Olorón Goñi publicada en esta sección el viernes con el título “Iglesia…¿viva?,” ha despertado mi interés, hasta el punto de animarme a expresar mi opinión personal con algunas pequeñas precisiones. En primer lugar, afirma que un botón de muestra de que la Iglesia-institución está alejada de la vida real es una misa celebrada un día concreto en un templo de Pamplona, en la que se pidió por el Papa y las Jornadas de la Juventud de Panamá, y no por el rescate del pequeño Julen y por el naufragio de 117 inmigrantes en el Mediterráneo. No se sabe si se rezó por esa segunda intención en misas anteriores y posteriores en ese mismo templo. Un grano no hace granero. Yo he visto cómo se rezaba por Julen y por el naufragio en diferentes templos de Pamplona durante varios días. Lo que ocurra un día en un templo concreto ni es representativo de lo que ocurre en todos los templos ni se puede extrapolar a la Iglesia como institución. La petición por la persona e intenciones del Papa tiene sentido todos los días del año, porque continuamente nos pide que recemos por él. Y quien lamente el alejamiento de los jóvenes actuales de la Iglesia debe ser coherente con la importancia de las multitudinarias Jornadas de la Juventud que preside el Papa cada año en diferentes países. Ese testimonio, propio de una Iglesia viva, es una levadura que está llegando y convirtiendo a muchos jóvenes que no estuvieron allí; por eso hay que encomendar para que siga dando muchos frutos apostólicos.
En segundo lugar, no creo que la misa más progresista sea la que más va con la propia forma de ser, pensar y sentir, sino la que se celebra como Jesucristo la instituyó. No existen misas a la carta. El aggiornamento propuesto en el Concilio Vaticano II se refiere a nuevas formas de presentación y difusión del mensaje cristiano de siempre, sin cambiar sus dogmas. En ningún momento se habló de misas progresistas y no progresistas. La supervivencia de la Iglesia está garantizada por la promesa de su Fundador y por la Gracia de Dios. Y, por último, una persona que se confiesa creyente-practicante no puede frivolizar con la liturgia ni con la Consagración, ni con la Exposición del Santísimo. Eso sí aleja de la Iglesia y favorece la descristianización de la sociedad. Lo que más está atrayendo a los nuevos conversos es la coherencia con lo que se dice creer, sin dejarse condicionar por lo que está de moda y por los respetos humanos.