Davalor, promesa incumplida

Rafael Berro Uriz|

Publicado el 27/01/2019 a las 08:42

“Davalor”: nombre-anuncio. Hacía propaganda de que la empresa así llamada iba a dar beneficios. Pero era un nombre tan ostentosamente propagandístico que resultaba excesivo, exhibicionista, de poca clase, casi de mal gusto, y por eso quizás sospechoso. Cualquiera algo prudente podría haberse puesto en guardia ante una empresa con un nombre así: los timadores suelen prometer mucho. Sabiendo ahora lo que Davalor ha dado, el nombre resulta una decepción o una burla. Algunos (listos) no creyeron que el negocio de esa empresa pudiera tener éxito: fabricar máquinas instalables en ópticas para la exploración, diagnóstico y terapia de la vista, previo pago de 25 euros por el usuario. ¿No se graduaba ya gratis la vista en muchas ópticas? ¿No era más probable ante un problema en la vista acudir a un oculista que a una máquina en busca de diagnóstico? Además hubo rumor de que Davalor podía ser un negocio piramidal, y quizás estaba ya en quiebra (DN, 22 enero) en 2015 cuando Ayerdi llegó a ser Consejero foral de Economía. Pero nada de esto perturbó la clarividencia profética del Ayerdi. Hizo además caso omiso de informes de Sodena, que ya había negado con Goicoechea (UPN) la inversión en Davalor antes de que él llegara. Y tomó una decisión que alegremente llamó “atípica” y dio más de dos millones y medio de euros de las arcas forales a Davalor, que son seguramente irrecuperables. Y no lo hizo de una vez, en lo que podía haber sido una ofuscación momentánea, un calentón, sino en varias entregas, con tiempo entre ellas para reflexionar y valorar la situación y la operación. En vista de lo anterior, si Ayerdi hubiera invertido en Davalor su dinero privado además del dinero público, se podría creer que actuó guiado por un cálculo erróneo, que se pasó de listo. No habría dudas ni sospechas. Pero si sólo invirtió el dinero de los contribuyentes y no el suyo propio como hicieron otros muchos, las sospechas crecen, su crédito político se hunde y estamos ante un escándalo.


No es de recibo que el administrador del dinero público desoiga informes oficiales y ocasione un perjuicio económico importante a la colectividad y no pase nada. ¿Cuántas denuncias por mal uso, imprudencia temeraria o malversación de bienes habrían hecho ya Kontuz y Barkos si en vez de Ayerdi hubiera sido Goicoechea la autora del chandrío? ¿Cuántas manifestaciones contra “la derecha que utiliza los bienes públicos como su coto privado, su “corralito”? Pero como se trata de Geroa Bai y no de UPN, el cuatripartito ha montado una comisión camuflando a Davalor entre otros asuntos, y que dirá lo que la madre superiora ordene. Es la doble vara de medir del cambio a peor.


Por otra parte, un consejero capaz de manejar con ese desparpajo el dinero público podría tener cualquier día otra corazonada y tomar otra decisión “atípica” y dar de nuevo millones a otra empresa de nombre prometedor. Tanto por el daño ya hecho a las arcas forales como para evitar posibles desmanes futuros, Ayerdi debería haber sido echado hace mucho. Pero el orgullo nacionalista de la madre superiora lo mantiene. Lo sensato será cesarlos a los dos en Mayo.


El episodio de Davalor no nos ha dado valor, beneficios (sí a su promotor Marcos, con su sueldecito de 150.000 euros), sino pérdidas, antivalor; pero sí nos da idea del valor -de la competencia- de los miembros del Gobierno Barkos. Ayerdi era en teoría el valioso, el sólido, el listo del Gobierno. Si el listo ha protagonizado este episodio, cómo serán los demás.


Rafael Berro Uriz

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