Displicencia policial
Publicado el 13/12/2018 a las 09:03
Hay ocasiones en las que de forma inopinada puedes llegar a descubrir actitudes escasamente edificantes, mucho más si las mismas parten de algún agente de la autoridad.
Recientemente y tras pasar la correspondiente ITV después de una espera de tres horas y media, con un magnífico amanecer contemplado desde dentro del coche, a unos 300 metros de la salida de las instalaciones me topo con un control de la Policía Municipal, en el que el primer agente, de forma absolutamente correcta y educada, ve la documentación y la pegatina que llevo en el asiento del copiloto y tras preguntarme si vengo de pasar la ITV, me manda seguir sin mayor problema.
A unos cinco metros, un segundo agente me vuelve a parar, me hace aparcar en el carril temporalmente inhabilitado y con una mirada desafiante y torva, acompañada de una sonrisa plena de soberbia y unas fases de silencio inquietante, me requiere sobre mi conocimiento de la obligatoriedad de llevar adherida dicha pegatina al cristal. Ante mi respuesta en el sentido de que efectivamente la pondría en cuanto llegase al garaje y tras limpiar los restos que se habían quedado adheridos al parabrisas al retirar la pegatina anterior, me ordena ponerla allí mismo, persistiendo en su actitud sumamente displicente.
Es cierto que cualquier agente de la autoridad merece todo el respeto de los ciudadanos y que la gran mayoría se lo ganan en base a su proceder personal y profesional, pero actitudes como la descrita hacen que, en este caso, ese respeto sea más por obligación que por convencimiento, lo que desde luego no me parece lo más recomendable.