Sociedad trasnochada
Publicado el 09/12/2018 a las 08:50
Acabamos de celebrar en nuestra Comunidad Foral la fiesta solemne de la Inmaculada Concepción.
En los días que vivimos no resulta “políticamente correcto” hablar de este tema; a pesar de que la geografía navarra y la de toda la nación española está jalonada de ermitas a la Virgen en casi todos los pueblos, esto no es atributo exclusivo de España, pues ocurre lo mismo en muchos países de nuestro mundo mundial. En Roma, el Papa Francisco hizo una ofrenda floral a la imagen de la Inmaculada en la plaza de España por ser patrona de nuestro país. En su fiesta ante millares de romanos y peregrinos que acudieron al acto, el pontífice y los asistentes rezaron ante la imagen.
No es casual que la bandera de Europa sea de color azul, como el manto de la Virgen, ni tampoco que tenga 12 estrellas como cita el Apocalipsis “Una señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la Luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap.12, 1).
Todo el mundo sabe que la civilización en Europa se ha sustentado en sus raíces cristianas. Así nos lo recordaba san Juan Pablo II en una de sus visitas a nuestro país. Cualquier persona que esté mínimamente versada en la historia milenaria que hasta hace muy pocos años se estudiaba en todos los colegios sabe que esto es así, aunque una parte “progresista” de nuestra sociedad se empeñe en borrar con machacona insistencia esta verdad que ahora se nos trata de ocultar. Así se esta haciendo con todo, pues este afán de desestabilizar el orden establecido es insaciable por parte de quienes quieren reinventar la historia.
Es por eso que esta actitud de veneración y devoción a la Virgen no es producto de una mentalidad sensiblera de una parte de la sociedad, trasnochada y carente de reciedumbre, sino de hombres nobles y mujeres íntegras que viven amando y respetando a sus congéneres sin mezclarse en banderías humanas.