Los constituyentes navarros, 40 años después

Pedro Pegenaute Garde|

Publicado el 06/12/2018 a las 09:49

Constituyentes navarros, sí. Somos nueve quienes fuimos elegidos diputados y senadores el 15 de junio de 1977 en las primeras elecciones democráticas generales que se celebraban en España desde la Segunda República. Y, obviamente, muerto ya en 1975 Francisco Franco, el dictador tan denostado hoy pero elevado a la Jefatura del Estado tanto por los vencedores de la feroz y atroz Guerra Civil de 1936 a 1939 como por todos los españoles que solo aspiraban a vivir en paz y a ganarse la vida. Guerra civil esa, por cierto, que tras la Transición y hasta la llegada al Gobierno en 2004 del insensato e irresponsable -por lo menos en ello- José Luis Rodríguez Zapatero (aquel de los dos abuelos pero que, según parecía, sólo quería saber del de izquierdas), yo creí superada. Y, como yo -y tengo suficientes pruebas personales para confirmarlo- el Rey Don Juan Carlos I y personalidades como Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, varios líderes nacionalistas vascos y catalanes y algunos sindicalistas; esforzados todos, como toda la clase política de la Transición, en crear y consolidar en España un marco en el que, olvidando lo anterior y la Guerra, todos pudiéramos caber y entendernos. Tarea grandiosa a la que los constituyentes navarros no fuimos ajenos: ni los diputados (Jesús Aizpún, Jesús Ignacio Astrain, Gabriel Urralburu, Julio García y yo mismo), ni los senadores (Jaime Ignacio Del Burgo, José Gabriel Sarasa, José Luis Monge y Manuel de Irujo).

Cuatro de los cuales han fallecido ya (Aizpún, García, Sarasa e Irujo), aunque los nueve sigamos presentes. Como lo estaremos mientras esté vigente precisamente la actual Constitución Española, la de 1978, la que un día como hoy hace 40 años fue aprobado por los españoles su proyecto en referéndum por el 87,78 % de votantes. Mientras esté vigente la actual Constitución y, con ella, todos los principios que la inspiraron y los artículos que la conforman y que hacen de ella una ‘Ley de Leyes’ modélica y formidable. Tanto por habernos permitido a los españoles gozar (contra lo que fue nuestro pasado) de paz y de una digna calidad de vida permitiéndonos al tiempo convivir, como a España progresar, desarrollarse y homologarse internacionalmente y consolidar un Estado social y democrático de Derecho (en cuyo seno han tenido protección el ejercicio de los derechos humanos y el derecho de todos a practicar sus culturas y tradiciones, sus lenguas e instituciones), digno de una sociedad democrática avanzada.

En cuanto a Navarra, ninguna otra Constitución como la actual fue capaz de reconocer sus derechos históricos como territorio foral (sin lo cual la LORAFNA de 1982 no hubiera sido posible) ni, desde luego, reconocer nuestro derecho como navarros a decidir libremente, vía parlamentaria y en referéndum, cuál deba ser nuestro futuro autonómico. Obvio, de plantearse, yo votaré siempre porque Navarra siga siendo Navarra. ¿Poco? Que quienes quieren reformar, cambiar o sustituir la actual Constitución -que de todo hay, como los hay que hablan de ella sin habérsela leído- puedan, quieran y sepan hacerlo mejor que lo hicimos nosotros; empezando por garantizarse que su actuación va a permitirnos a los españoles cuando menos, como nos ha permitido la actual del 78, otros 40 años de paz, prosperidad y estabilidad.

Paz que, desde luego, sólo será posible si se abandonan las ofensas, los insultos y las vejaciones con que se están conduciendo políticos y no políticos, dentro y fuera de las instituciones, particularmente las Cortes Españolas. Y solo si se recuperan la concordia y las actuaciones ejemplarizantes que han hecho posible la actual España.

Pedro Pegenaute Garde, diputado constituyente.

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