La salud no se paga con dinero... ¿o sí?
Actualizado el 27/11/2018 a las 09:26
No deja de ser preocupante que el pan nuestro de cada día pueda tener conservantes que potencien su sabor y acelere la proliferación de intolerancias, alergias, por citar sólo dos ejemplos. La comida nos come, nunca mejor dicho, y como ante la virtud de pedir salud está la de no darla, nos encontramos con estudios tan trascendentalmente indignantes como el realizado por una treintena de países en torno a los implantes, otros sobre los transgénicos y después, entre tanta nebulosa, las luces de esperanza que nos trae la homeopatía o cualquier otra terapia alternativa. Los recientes casos de muerte tras elegir un proceso de curación basado en técnicas homeopáticas han generado opiniones de todo tipo procedentes del bando convencional, mientras que las muertes recientes y no recientes de pacientes que siguieron al pie de la letra las indicaciones de su médico también han generado opiniones nada favorables.
¿Estamos, quizá, los usuarios desprotegidos ante la industria e incluso ante la administración? Los prospectos nos avisan de la catástrofe que puede suponer acercarnos a la medicina mientras que a los productos naturales y a la homeopatía en concreto les sigue faltando el punto de apoyo del ensayo clínico. Quizás sea hora de poner el cronómetro para llegar a la meta de la seguridad del paciente. Hace poco la prensa ha publicado que China ha conseguido el nacimiento de dos niñas gemelas que nunca tendrán el VIH. La manipulación genética las ha salvado, pero ha puesto en la palestra otra duda existencial: el límite de la ética. Puede que la duda no sea tan novedosa porque no es difícil preguntarse hasta qué punto la ética no ha estado hasta ahora en el límite.