Una biblioteca en el Edificio de los Caídos
Publicado el 26/11/2018 a las 08:57
Esta es una propuesta para convertir en oportunidad dos problemas que tiene planteados la ciudad de Pamplona y el Gobierno de Navarra, y que implican la revitalización de una zona de la capital carente de dotaciones culturales, a la vez que se redimensiona y se da un uso más racional a una dotación ya construida, que no consigue tener la importancia que merece y para la que fue levantada. Los dos problemas son el destino del monumento a los Caídos y la Biblioteca General de Navarra. ¿Tenemos que seguir pagando los errores pasados, o aprovechar la oportunidad para subsanarlos, disfrutar del presente y mirar al futuro?
Los Caídos es un monumento funerario que ha perdido su sentido simbólico y su uso; es un edificio vacío, que nada dice a la mayor parte de los pamploneses. En estos momentos, está pendiente una respuesta sobre su futuro. A su vez, la Biblioteca General y Filmoteca de Navarra, ubicada en el límite con Barañain desde hace 7 años, fue un despropósito desde el inicio; es una instalación desmesurada, inhóspita, fría y disfuncional, que no atrae ni acoge a los visitantes, a pesar de los excelentes profesionales que se esfuerzan por promover su uso y atender a los lectores y espectadores. Está infrautilizada, pagamos cara su construcción y ahora tenemos que seguir pagando su mantenimiento y desplazándonos hasta la linde de la ciudad o desistiendo de visitarla. Como ejemplo, este verano de 2018, en varias ocasiones, el espacio infantil y dedicado a viajes estaba completamente vacío en las horas de máxima frecuentación de la biblioteca.
Vivimos más años; por tanto, las personas jubiladas y con tiempo de ocio irán en aumento a la vez que el relevo generacional exige dotaciones comunitarias que puedan ser compartidas por jóvenes y mayores. La biblioteca es el paradigma de esta clase de instalaciones para la convivencia cívica y la promoción cultural, como puede comprobar cualquiera que visite uno de estos establecimientos de la bien dotada red pública de bibliotecas de Navarra. El II Ensanche de Pamplona es, en términos demográficos, económicos y urbanísticos, una parte importante de la ciudad, al que se suma ahora el vecindario del nuevo espacio habitacional de Lezkairu. Esta parte de la ciudad no solo carece de dotaciones culturales dignas de ese nombre sino que en los últimos tiempos se ha visto despojada de las que quedaban: el traslado del conservatorio Pablo Sarasate o el cierre de los cines de la calles Olite y San Ignacio. En ambos casos, estas dotaciones culturales se han desplazado a los márgenes de la ciudad. El declive cultural coincide con la instalación en la zona de salas de juego en las bajeras disponibles, ubicada la última de ellas justo en el lugar donde el alumnado de los numerosos colegios existentes sale al recreo a tomar el almuerzo. Estos negocios, sí están accesibles y atraen la curiosidad de la adolescencia que en no pocas ocasiones se inicia en el juego y en una posible ludopatía. Actualmente, según datos del Ministerio de Educación, el 30% de escolares repite curso.
La demanda vecinal de un centro cultural y una biblioteca en el II Ensanche viene de lejos. Esta parece la oportunidad para reubicar, total o parcialmente, la BGN en el actual espacio de los Caídos, donde cubriría una necesidad real de una población creciente, si se tiene en cuenta el desarrollo de Lezkairu, y donde se ubican numerosos centros escolares y la cercanía de la Universidad Pública. No se nos escapa la estela simbólica que arrastra el edificio de los Caídos y que puede ser uno de los obstáculos para un debate sosegado y racional sobre su futuro. Hay que decir, de entrada, que no es lo que se conoce como un “lugar de la memoria” sino un monumento funerario del que han sido exhumados los restos que albergaba. No obstante, la adecuación del edificio para la BGN sería una apuesta de futuro, compartida por toda la sociedad navarra, ya que no es una decisión meramente municipal. Podría albergar un espacio bibliográfico específicamente dedicado a la historia contemporánea de Navarra, y las correspondientes actividades complementarias, que sin duda ayudaría a reconciliarnos con la verdad de nuestro pasado.
Faltaría responder a la pregunta de qué hacer con el edificio actual de la BGN. Sin duda, hay usos adecuados a su estructura y ubicación que tendrían que ser objeto de discusión, como otros matices de esta propuesta.
María Jesús Azagra, Manuel Bear, Zuri Urmeneta, Antonia Lázcoz, Antonio Vela, José Javier Ruiz de Erentxun