La felicidad es puntual, nunca continua
Publicado el 04/10/2018 a las 08:31
Me apoyo en la frase de Pearl S. Buch que dijo que “Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”.
Uno es feliz cuando nace, cuando empieza a caminar por primera vez, cuando aprender a andar en bici, haciendo chipi-chapas en el río, cuando termina unos estudios, cuando aprende a nadar, si consigue un trabajo, cuando se enamora, en un gratificante acto sexual, cuando tiene su primer hijo, cuando da de mamar y al recibir la leche de su madre, si cocina un plato exquisito para su familia, cuando alcanza la cumbre de una montaña y mira al horizonte (para mí la suprema felicidad), nadando hasta la boya en el mar gaditano o si embocas un golpe de golf, bailando la mutildantza o un sensual tango, comiéndose un sabroso lenguado menier o un jugoso chuletón o una langosta termidor. No hay esquiador experto o novel que no baje por una ladera con una sonrisa de oreja a oreja (obsérvenlo ustedes). O cuando uno se jubila (viene de júbilo) y hace planes, tomándose un sabroso café con croissant, bebiéndose un celestial gin-tonic, visitando un país que le ilusiona, cuando pasea con su primer nieto, cuando obtiene el carnet de conducir y en la paz de la muerte rodeado de sus hijos.
Francisco José Eguía Astibia