¿Se debe dialogar con quien no quiere? (2)
Publicado el 04/10/2018 a las 16:53
¿SE DEBE DIALOGAR CON QUIEN NO QUIERE? (Sigue) Ante el ultimátum de Quim Torra el Gobierno de Pedro Sánchez solo podía responder como lo ha hecho, rechazándolo de plano, no aceptándolo. ¿Acaso cabía hacer otra cosa decente, legal, oportuna? Hasta el diputado nacional y portavoz adjunto de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que no es santo de mi devoción, ha estado a la altura de las circunstancias, al mantener que los ultimátums los carga el diablo. Uno había leído y escuchado que eran las armas, pero hasta las palabras pueden hacer, en algunas ocasiones puntuales, las veces de balas. Las balas o cualesquiera otros proyectiles no dañan si no los disparas. La bala no mata por ella misma, la bala mata por la velocidad que adquiere y lleva cuando impacta contra el objetivo. Si el blanco es una diana de papel y, tras este hay una plancha de acero, nada pasa. Si da en alguna parte vital del cuerpo humano, puede ser letal. Hay quien mantiene que las voces no hacen roces, pero yo he podido comprobar que, en algunas oportunidades, pueden levantar o producir hasta ampollas. Y que de nada sirve tolerar al intolerante. Al final, se impone lo cabal, justo y responsable, dejar de mostrarse respetuoso con quien no lo es, con el irrespetuoso (sea ella o él). Teniendo en cuenta el estado actual de las cosas y los casos, si el abajo firmante fuera Pedro Sánchez, presidente del Ejecutivo, y gozara de sus atribuciones (que, por suerte, una gran suerte para la nación y para él, no lo es), convocaría elecciones generales a la mayor brevedad posible. Y si pudiera formar Gobierno, valoraría los pros y los contras. Si ganaran o pesaran más los primeros, intentaría agrupar o concitar el mayor número de apoyos, sumar el mayor número de partidos, diputados y senadores, para aplicar en Cataluña el artículo 155 de la CE, pero en esta ocasión no sería de manera blanda, sino dura: haría todo lo posible por desintoxicar la educación que se viene impartiendo, desde décadas, en las escuelas y los institutos catalanes, germen de los muchos problemas (embelecos o tergiversaciones, que pasan por verdades fetenes) que existen actualmente allí, que tienen que ver con el adoctrinamiento puro y duro; desintoxicaría, asimismo, los medios públicos catalanes, donde los efectos tóxicos de TV3 son innúmeros e innegables, promovería campañas en todo el territorio abogando por el respeto al discrepante, al disidente, etc. Ángel Sáez garcía angelsaez.otramotro@gmail.com