La dignidad de la persona en el centro de la economía
Actualizado el 25/09/2018 a las 09:46
Cambiar el modelo económico actual, que menoscaba la dignidad humana, es cada vez más urgente. El planteamiento que sigue (comprar, tirar, comprar) no es sostenible dada la cantidad de recursos que explota y los residuos que genera y que contaminan el planeta. Sin embargo, existe una alternativa llamada “economía circular” que trata de aprovechar al máximo el ciclo de vida de los recursos para evitar agotarlos. La economía circular consiste en que cualquier cosa que se fabrique sea reutilizable o reciclable y no se convierta en basura contaminante. Trata así de imitar el ciclo biológico de la naturaleza, en el que las plantas alimentan a los animales cuyas deposiciones sirven de abono para que crezcan nuevas plantas. ¿Pero, qué es la dignidad humana y porqué el actual modelo económico no la respeta? La dignidad de las personas es su valor por el simple hecho de ser personas. Es independiente de su raza, capacidades, situación económica, estado de salud o cualquier otra condición. Todos somos iguales, porque todos somos personas. El actual modelo económico no respeta esta dignidad porque fomenta la desigualdad entre las personas que viven en países desarrollados y las que no. La degradación de los recursos naturales afecta a todos, pero sobre todo a la población más pobre del planeta, que depende para su supervivencia de lo que la naturaleza le provee. Además no sólo explota de forma abusiva recursos naturales, en muchas ocasiones también humanos. En contraposición, la economía circular contribuye al bien común y a la justicia porque reduce la explotación de recursos y la contaminación. Pero va más allá de recuperar recursos, tiene en cuenta el proceso y el fin de la actividad económica. De nada serviría que yo recicle pero que las personas que trabajan en mi empresa lo hagan en malas condiciones por ejemplo. En este caso, se estaría desplazando a la persona del centro de la actividad económica y el término “economía circular” se vaciaría de su significado positivo y serviría sólo de parche para tranquilizar conciencias. Por tanto, la economía circular, lo será de verdad siempre que ponga en el centro de su actividad a las personas y su dignidad. Primero las personas y en un segundo plano el beneficio económico. La economía circular no considera rentables aquellas empresas que en aras de obtener o aumentar beneficios perjudiquen al ser humano. Si para poder obtener beneficios, se contamina el planeta, que es la casa de todos, o se utiliza a las personas sin tener en cuenta su dignidad con salarios injustos o malas condiciones laborales. O si la mayor parte del beneficio económico derivado de mi actividad va a manos de unos pocos. En ese caso, por mucho que se recicle, será un intento de aproximación, pero no se le puede llamar economía circular.