El celibato sacerdotal

Geni Alvarez Calviño|

Publicado el 06/09/2018 a las 14:18

En el diario del domingo, una persona que escribe a Cartas al Director, establece como causa de la pederastia el celibato sacerdotal. A algunos nos parece una aberración tal afirmación, puesto que la pederastia existe en todas las poblaciones humanas en una determinada proporción, que posiblemente es mucho menor entre los pertenecientes a la Iglesia Católica. Y casi siempre la ejercen los hombres. Las comunidades femeninas (de monjas), pese a ser también célibes, no tienen esos problemas. En cualquier caso, si a un sacerdote se le haciera imposible el celibato, puede tener dispensa. Dispensa para estar y casarse con una mujer, no para abusar de un menor, obviamente. Además, muchas personas creemos en la idoneidad de que los sacerdotes no se casen para que puedan dedicar el 100% de su vida al servicio de la salvación de las almas. Nuestro sacerdote de la parroquia San Fermín, D. Santi Arellano, se va ahora a Toledo hacerse cargo de otra parroquia necesitada de sus servicios. Nosotros nos quedamos muy tristes pero comprendemos que Dios le envía allí por alguna razón importante. Sería mucho más difícil hacerlo si tuviera a su cargo mujer e hijos, no tendría la disponibilidad que tiene ahora para atender a cientos le personas que acudimos a él, cada uno con nuestros problemas. Mi agradecimiento, de corazón, a este sacerdote ejemplar y a tantos otros: D Ignacio, D. Antonio, de la parroquia de Aoiz, D. Jesús Mari, de la parroquia de Mutilva... Por otra parte a muchos católicos nos inquieta ver como personas que pertenecen a la Iglesia Católica se empeñan en resaltar lo negativo y excepcional, que ocurre en cualquier sociedad humana y omiten, en este caso, el verdadero mensaje del Papa en Irlanda, que es el defender a la familia formada por padre, madre e hijos nacidos de esa unión amorosa. Los sacerdotes pederastas (que a veces no lo son y son injustamente acusados) hacen muchísimo daño, a sus víctimas, por supuesto, y a la Iglesia. Pero las personas que resaltan solamente los problemas de la Iglesia y omiten difundir su gran labor en el mundo, también. Las malas acciones de algunos de sus miembros deber ser perseguidas y castigadas, pero no deben magnificadas ni hacerse extensivas a todos los miembros de la Iglesia. Que no se olviden de que la Iglesia fue fundada por Dios, que la cuida y protege.

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