Economía y reducción de impacto medio ambiental

Javier M. Elizondo Osés|

Publicado el 03/09/2018 a las 08:19

Una obra convencional, de las que estamos acostumbrados a ver -y soportar-, tiene a las máquinas excavadoras como principales protagonistas, realizando la extracción del terreno para, mediante camiones, trasladarlo a los correspondientes vertederos para su gestión. Es decir, lleva consigo un movimiento continuo de maquinaria, ruido, polvo, afecciones a viales/tráfico, afecciones al paso peatonal y/o molestias de todo tipo a cualquier actividad implantada en la zona de trabajo y próxima a ella.


Por supuesto, con la consiguiente afección a los rendimientos económicos de esas actividades. Genera riesgos de seguridad en los operarios, por tránsitos de las maquinarias, por la actividad en el interior de zanjas y por las posibles afecciones derivadas de los servicios existentes (gas y electricidad, por ejemplo) y los derivados de las actuaciones sobre los distintos materiales de las redes de agua a sustituir (por ejemplo, el fibrocemento). Y genera residuos (productos de las demoliciones, excavaciones y servicios retirados) que repercuten notablemente en el concepto medioambiental que tenemos como objetivo preservar, a través de la reducción de la “huella de carbono” (principal fundamento del cambio climático). Este tipo de obra “convencional” solamente tendría que ejecutarse en aquellos casos donde no se pueda hacer otra cosa para mejorar el sistema de red, deficitario, por el cual se plantea. Nuestro mundo tecnológico tiene en su haber un nutrido número de tecnologías de aplicación, denominadas “Tecnologías Sin Zanja” (TSZ), que pueden evitar, en un más que notable porcentaje, la aplicación de las ejecuciones convencionales, afrontando las obras sin excavaciones lineales. Técnicas constructivas que permiten resolver renovaciones y/o rehabilitaciones de las redes con un mínimo (o, en algunos casos, nulo) impacto sobre el entorno donde se practiquen. En la aplicación de muchas de ellas, donde sea precisa la colocación de la maquinaria oportuna (perforaciones en general, sistemas de tracción y sistemas de impacto) siempre va a ser necesaria la ejecución de obra convencional de demolición y excavación para conseguir los oportunos fosos de trabajo y rampas de acceso de maquinaria y/o tuberías pero, en cualquier caso, incomparablemente menor que de ejecutarse la obra convencional en el total de la longitud de la red sobre la que se va a operar.


Así, en vez de sustituir las redes, sin más, abriendo zanjas y poniendo nuevas tuberías, podemos plantearnos un estudio racional de su estado y barajar previamente las distintas alternativas que disponemos para la solución de cada caso. Centrándonos en lo más habitual, y englobando (dada la diversidad existente), podemos barajar desde sistemas de limpieza y/o recuperación de los diámetros originales de las tuberías colmatadas por incrustaciones, a través del paso por su interior de escariadores (“rascadores” mecánicos), sistemas de entubación (meter tubería nueva por dentro de la existente) de modo simple o ajustado (para perder el menor diámetro posible de paso de agua), sistemas de encamisados interiores, con mangas, para todo tipo de formas (camisas de fibras con resinas -alimentarias en el caso de agua potable- que expandidas en el interior se ajustan a la tubería existente y, “curada” mediante distintos sistemas, nos da como resultado una nueva tubería), sistemas de introducción de nueva tubería -incluso mayor que la existente- rompiendo y compactando la existente contra el terreno de modo subterráneo, o ejecutando perforaciones de distintos tipos, para todo tipo de requerimientos y diámetros, con aplicación de tecnologías de seguimiento y direccionamiento. Este tipo de sistemas de ejecución son totalmente competitivos (en general, más económicos) con respecto a las obras convencionales. Sin comparación, a su favor, de tomarse en cuenta la ostensible reducción (o anulación) del impacto social (afecciones, seguridad y reducción de tiempo de las obras) y la reducción (o anulación) de residuos y su gestión; factor este último, muy preocupante, medioambientalmente hablando.


Todo ello, en conjunto, y considerando la multiplicidad de obras que se llevan a cabo, llevaría a una economía considerable (o, dicho de otro modo, a poder mejorar mayor número de redes con la misma inversión) y a una reducción muy ostensible de la huella de carbono. Factor a reducir obligatoriamente en el que, hoy en día, las direcciones de las empresas de gestión del agua de cierto nivel (con ámbitos amplios en redes y población), invierten notablemente…y se apresuran a exponer sus datos positivos en los medios de comunicación para salvaguardar su imagen. Direcciones de empresa que, algunas de ellas, llevan décadas involucradas en la aplicación de este tipo de ejecuciones con notable éxito, haciendo realidad el factor de desarrollo e innovación, mientras otras -que también tienen esos factores como estratégicos- siguen aferradas a la comodidad de lo que ya se conoce. Es decir, lo de siempre.

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