Esdrújulas
Publicado el 28/08/2018 a las 08:30
Con cierta frecuencia, al hacer declaraciones, Pedro Sánchez convierte en esdrújulas palabras que no lo son, o acentúa otras átonas (artículos, preposiciones ...). Algo así: “Esta présidencia está décidida a ímplementar póliticas que rébajen las ténsiones con Cátaluña ...”. O así: “España tiene un Gobierno résponsable y éficaz, hace desáparecer lás protestas por lás pensiones, por el heteropátriarcado..., résuelve lá inmigración..., Merkel y Macron vienen á mostrarle su ádmíracion ...”.
¿Convertirá en esdrújulas palabras que no lo son por consejo de su asesor de imagen lo mismo que se puso gafas de sol en el avión para parecer ‘guay’, o lo hará de manera espontánea? Quizás lo segundo. En cualquier caso, la esdrujulización y la acentuación de palabras átonas son reveladoras. Acentuar lo más posible y de manera muy llamativa lo que uno dice es propio de quien está convencido de que cuanto dice es de suma importancia. Si en vez de hablar escribiera, lo esdrujulado y acentuado pasaría a ser subrayado. Cuando Pedro Sánchez esdrujulea o acentúa nos está indicando que lo que él dice es importantísimo. Son tics propios de alguien poseído del sentimiento de la propia importancia, con un alto concepto de sí mismo, encantado de conocerse, vanidoso, en buena parte convencido de que todo lo hace bien y con poca capacidad de autocrítica. De los que no se arrepienten de nada. No necesita abuela.
Por otra parte, quien esdrujulea o acentúa indebidamente no respeta las normas lingüísticas y eso es mal síntoma. Quien se salta las reglas gramaticales públicamente y casi con ostentación, es fácil que tampoco respete otras normas. Si eso ocurre, estaremos ante un político dispuesto a poner su “yo” por encima de las normas, a no respetarlas si impiden que se haga su voluntad o que su ego triunfe. Lo vemos por ejemplo cuando Sánchez mima al golpista Torra y margina a los catalanes que respetan la Constitución, cuando intenta desamparar al juez Llarena frente a Puigdemont o cuando cambia las reglas del juego en medio del partido para impedir que el Senado intervenga en la aprobación del techo del gasto. Pero ese estar por encima de las normas es lo que caracteriza a los dictadores. Por ejemplo al venezolano Maduro, el ídolo de “Podemos”. Hay quienes están en la política para servir al país y quienes están para que la política sirva a su ego. Los que se se saltan las normas son sin duda del segundo tipo.
Por otro lado, en cuanto que la esdrujulización y la acentuación indebida de las palabras tienen que ver con la forma y no con el contenido de lo que se dice, el hecho de que Sánchez se centre a veces de una manera tan llamativa y tan exagerada en ellas indica que le interesa más la forma que el fondo. Más la apariencia que la realidad y la verdad de lo que dice. Lo que encaja bien con que Sánchez sea un político de gestos, de apariencias, superficial, frívolo. Políticos así no son fiables, merecen poco o ningún crédito; son poco capaces de ir al fondo de los problemas, de afrontar y resolver los problemas profundos que pueda tener nuestro país.
Como conclusión o como medida simplemente higiénica hay que negarse a creer lo que nos dice un gobernante -Sánchez en nuestro caso- que convierte muchas palabras en esdrújulas o las acentúa indebidamente. Nos está contando una milonga. Con el presidente esdrújulo, una vez más a España no le ha tocado precisamente la lotería.