Okupas y motines

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 20/08/2018 a las 08:02

La expresión “el “okupa” de la Moncloa” referida a Pedro Sánchez es obviamente metafórica, pues Sánchez no está ilegalmente en la Moncloa. Quiere indicar que, así como un “okupa” no tiene derecho a instalarse donde está, a Sánchez le faltan derechos para instalarse en la Moncloa por el escaso respaldo electoral que tuvo y tiene (85 diputados, el 22,6% de los votos). Quiere señalar también que así como la ilegalidad es lo que caracteriza al modo de establecerse del “okupa”, los que han ayudado a Sánchez a abrir las puertas de la Moncloa y a establecerse allí tienen vínculos con la ilegalidad: la ejercen, simpatizan con ella o la apoyan. Ahí están los golpistas catalanes saltándose con frecuencia las leyes. O Bildu, simpatizando con la ilegalidad hasta el punto de no condenar los asesinatos de ETA. O Podemos: vemos casi a diario aquí su apoyo precisamente a la ilegalidad de los okupas. Además la “conquista del cielo” revolucionaria que gusta a Pablo Iglesias no se hace actuando dentro de la legalidad. Por otra parte “okupa” quiere significar que llegar a la Presidencia de un país gracias al apoyo de quienes quieren romperlo es contar con un apoyo que más que justificar deslegitima, y en ese sentido convierte en “okupa” al apoyado; y que el nuevo “okupante” del Palacio presidencial tiene cero escrúpulos y cero principios.

Otros han hablado de “motín”. No es metáfora disparatada en la medida en que la moción de censura que llevó a Sánchez a la Moncloa recuerda a viejas películas de piratas en las que parte de los que parecían ser marineros resultaban ser piratas camuflados que mediante la traición de un colaborador (PNV) del capitán, se rebelaban y se hacían con el control del barco. Tras el motín, el reparto del botín: de los suculentos cargos en este caso (hasta la mujer de Sánchez ha obtenido su parte). Y tras la traición y el motín el futuro del barco era, como lo es en nuestro caso, también problemático. Por desgracia España es quizás el único Estado europeo donde se producen películas de este tipo.


Si miramos ahora al Palacio de Navarra vemos que entre el caso Sánchez y el caso Barkos hay semejanzas notables. Así, si a Sánchez se le ha llamado “okupa” por haberse instalado en la Moncloa sin ganar unas elecciones y tras obtener sólo el 22,6% de los votos, tenemos que Barkos se aposentó en el Palacio de Navarra tras obtener aún menos votos que Sánchez: el 15,86%. Y si a Sánchez le han llamado “okupa” porque los socios que le abrieron las puertas de la Moncloa ejercen, simpatizan o apoyan la ilegalidad, lo mismo sucede con quienes (Bildu, Podemos y Geroa Bai) instalaron a Barkos en el Palacio de Navarra: lo dicho de Bildu y Podemos se repite aquí. Además a todos ellos les hemos visto manifestarse apoyando las ilegalidades del golpismo catalán. Y si Bildu y Geroa Bai no hacen aquí y ahora las ilegalidades catalanas no es tanto porque las rechacen sino por falta de respaldo social, etc.. Y si Sánchez se apoyó para ser Presidente de España en quienes quieren romperla y eso le desacredita, lo mismo hizo Barkos para presidir una región de España. Incluso ella misma y su partido buscan esa ruptura. Y para colmo aspira a degradar el rango político de Navarra convirtiéndola en una provincia de Euskadi. O sea que motivos para la metáfora hay más en el caso de Barkos que en el de Sánchez. Y tanto si se lo decimos al uno y a la otra como si no, hay razones para el pesimismo con respecto al futuro de la nave del Estado y de la almadía foral. A no ser que en las próximas elecciones nos libremos de los “okupas”.

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