Cumplir la tradición

Ángel Moracho Jiménez|

Publicado el 26/07/2018 a las 08:23

Es 26 de julio cerca de puerta de la catedral de Tudela .El corazón susurra algo, es una mezcla de impaciencia y de exaltación difícil de explicar. El suave cierzo suaviza nuestra piel morena testigo de muchas tardes de sol en las huertas o campos. La gente se impacienta, los niños sabedores del casi secuestro del día, no se hacen a la idea de lo que representa para sus padres, esa transmisión de devoción por un lado y tradición por otro. La hora a cumplido y el calor testigo y verdugo de los tudelanos que son arropados en las calles más antiguas, hace mella en la espera.


Un murmullo y revuelo corre silencioso el entramado de la parte vieja, como si de un vencejo cargado de ilusión corriera con veloz vuelo, todas las calles a modo de anunciador “sale la más guapa “ya, poco se oye solo hay una expresión común en la cara de los tudelanos/as es la devoción.

Quizás el calor ya no es tanto y como si de algo natural se tratara con orgullo y maneras, portamos nuestras velas encendidas en señal de respeto y devoción a la patrona.


En estos momentos, los niños empiezan a formarse en unos valores seguros, buenos, que nunca les harán daño y que a buen seguro podrán fomentar su potencial como personas frente a su pueblo.

Es día de conocimiento y presentaciones entre generaciones. ¿Este es tu hijo? ¿Tu yerno? ¿Tu nieto? Es aquí, donde una ciudad de 40000 habitantes se hace cada vez más pequeña y donde debemos transferir este conocimiento de parentesco o unión. Ese peregrinar en silencio, pronto es mancillado a mitad de recorrido por una jota cantada desde un balcón que pone los pelos de punta, al más profano.


Después reanuda su paso hasta que a veces, a la vista de la iglesia de San Jorge “la más guapa” es interrumpida con otra jota. Este es el momento álgido donde uno ya, embargado por el día y el momento siente a la patrona y a su ciudad. Después, el último tramo lleno de pensamientos y promesas interiores en la confianza de que serán cumplidos. Llegados a su casa, la catedral majestuosa recibe esas peticiones y ofrendas en forma de velas y flores confiando y demostrando que la tradición sigue viva. ”Viva Santa Ana”.

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