El privilegio de vivir en pueblos pequeños

Ángel Andueza Yabar|

Publicado el 07/07/2018 a las 09:10

Soy lector asiduo de Diario de Navarra y me encantan las crónicas que hablan sobre gente joven y matrimonios también bastante jóvenes que deciden trasladarse a vivir a pueblos pequeño, medio deshabitados. Porque les gusta convivir con la naturaleza y gozar de la tranquilidad que les proporciona estos lugares. Esto lo digo porque yo nací hace 89 años en un pueblo pequeño y viví en el mismo durante 25 años. Ello me dejó recuerdos maravillosos, con nostalgia de volver. Y porque me ha hecho una ilusión grande el leer el día 17 el contenido sobre el pueblo de Guiguillano, ya que yo nací al lado, en el pueblo de Echarren, y conocí a los padres, abuelos y hasta a la bisabuela Guadalupe de la familia Pérez de Ciriza.

Pero mi intención con esta carta es animar a los colegios de enseñanza, parroquias u otros colectivos que se dedican a la educación de jóvenes en distintas actividades que lleven a jóvenes entre 6 y 16 años a convivir entre ellos y con la naturaleza unos días al año para que la conozcan, la amen, la protejan, y la cuiden. Porque es como la madre que nos ha de guardar a nosotros y a las generaciones futuras. Y tienen en estos pueblos despoblados los lugares idóneos para alquilar alguna de las casas vacías (pero con dueño) y poder hacer excursiones, caminatas, travesías, y así conocer plantas, arbolado, regatas, pantanos, etc.

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