Pobre de mí... en Pío XII
Actualizado el 01/07/2018 a las 12:17
¡Pobre de mí! ¡Pobre de mí! ¡Que no voy a poder salir de aquí! Este año el final de los Sanfermines lleva al comienzo del destrozo de Pío XII. La condena está dictada y no hay posibilidad de apelación. Sólo nos queda la libertad de manifestar nuestro desacuerdo.
Los ciclistas urbanos tenemos la gran ventaja de mirar la ciudad de un modo más “completo”, ya que todos somos también peatones, y la mayoría también somos conductores. Si además uno tiene una mentalidad ingenieril, no puede evitar ir por la calle descubriendo soluciones para los diversos problemas. No pensaba escribir sobre el destrozo de Pío XII, pero las últimas noticias ya son desoladoras. En todo ese mal proyecto descubrí una cosa buena: la construcción de una rotonda en el cruce con la Avenida de Navarra, el único punto verdaderamente conflictivo de Pío XII. Y hace unos días nos dicen no sólo que no se va a hacer, sino que además se van a prohibir unos giros a la izquierda que no molestaban a nadie. La única mejora prevista se convierte en una “peora”. Respecto al proyecto total, como ciclista creo que empeora la situación actual, con unos carriles de sentido único que obligarán a cruzar la avenida más veces, y además por cruces en cruz regulados por semáforos. Se les llena la boca hablando de modernidad mientras vuelven a las intersecciones en cruz, esas que se ponían en tiempos de Franco, olvidando por completo las ventajas de las rotondas, esa “tecnología francesa” que importamos en los 80 y que tan buenos resultados está dando. Si funcionan bien en tantos sitios, incluida la Avenida de Navarra, ¿por qué no en Pío XII? Hay espacio para ellas y son un buen medio de calmar el tráfico. Incluso simplificarían la regulación semafórica. Hablan de un “corredor sostenible” cuando es la ciudad la que ha de ser sostenible. Lo que necesita cualquier ciudad es disponer de unas tramas eficaces de circulación, para peatones, para ciclistas y para conductores, que no tienen por qué ir adosadas unas a otras, ni mucho menos.
Mucho se podría hablar de detalles técnicos, pero me ahorro el tiempo de escritura, y ustedes el de lectura, dada que no hay más sordo que el que no quiere oír. Lo que necesita Pamplona es solucionar los puntos negros de circulación, tanto de vehículos como de ciclistas y peatones, y no generar nuevos problemas. Mientras llega el maldito 16, ¡felices fiestas a todos!