De caras y personajes

Miguel Ángel Martínez Janáriz|

Publicado el 01/07/2018 a las 12:18

Durante estos días, la televisión y en general los medios de comunicación nos han enseñado las caras de personajes siniestros o de gente desaprensiva cometiendo tropelías de todo tipo: asesinatos horribles, violaciones múltiples, crímenes a personas indefensas, y otras de las que no me prodigaré en exceso porque me parece de mal gusto. Sin embargo yo, personalmente, me quedo con la cara del vicepresidente del gobierno de Italia y ministro del interior, Matteo Salvini. Un hombre con esa cara, recuerda el rostro que debió de tener Calígula. (...) Matteo Salvini es el líder del partido xenófobo y racista de la liga norte, un partido ultraderechista que ha quedado segundo en las recientes elecciones italianas, y que ha llamado sin ningún tipo de pudor “carne humana” a los inmigrantes que llegan por el Mediterráneo huyendo de guerras, hambrunas o de violaciones de los derechos humanos como ocurre en la actualidad en muchos países de África y Asia. El doctrinario de la liga norte no es otro que la extensión del “bello dorado mediterráneo latino”, a todos los puntos cardinales de Occidente y, así, de esta forma aritmética, purgar a los enemigos del pueblo, que no son otros que los inmigrantes y refugiados o gitanos a los que también se refiere en sus discursos.

En esta crisis humanitaria que hemos visto estos días, y que se ha saldado con la decisión humanitaria del presidente Sánchez de dejar atracar en el puerto de Valencia al barco a la deriva, ha quedado de manifiesto el peligro que corren las democracias occidentales con personajes de esta naturaleza.


Otro ejemplo relevante de cinismo político es el actual presidente de Hungría, Viktor Orbán, el cual ha dictado órdenes de apresamiento contra cualquier persona u organización no gubernamental que ayude directa o indirectamente a inmigrantes; o el mismísimo presidente Trump, cuando separa las madres de los hijos en la frontera con Mexico y que alguna televisión americana se mofaba como: “acogedores campos de veraneo para niños”.


La radicalización política actual nos recuerda a la que debió sufrir Europa antes de la segunda guerra mundial con el auge del fascismo. Son hechos que dejan en evidencia cómo son estos perversos personajes, y lo poco que podemos esperar de ellos en lo referente a la defensa de los derechos civiles y de los valores universales como igualdad, libertad y fraternidad. Una radicalización a la que algunos de los que han combatido con tenacidad contra estos autoritarismos, y recuerdo ahora mismo a Nelson Mandela, quedarían sin palabras ante el consiguiente desaguisado.

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