Tras la moción de censura

Pedro Bueno Martínez|

Actualizado el 12/06/2018 a las 09:20

Posiblemente aplaque la incertidumbre, mezclada con impotencia, del pueblo español iniciada el año 2007 con una crisis recesiva de la cual, dicen las estadísticas, vemos luz al final del túnel...

Pasada la “égida” del presidente menos apto de la democracia, los españoles otorgaron mayoría absoluta al PP presidido por Mariano Rajoy. Llegó ofreciendo bajada de impuestos y los subió, ¿recuerdan los recortes de Montoro? ¿Mandaba Bruselas? Cierto es que dejaba el país mejor que cuando lo heredó. Peor era imposible.

En la segunda legislatura sin mayoría y coaligado con Ciudadanos, no resolvió las carencias que habían quedado pendientes -la corrupción dentro y fuera de su partido, el problema catalán, aplicar el artículo 155 a tiempo, dimitir y convocar elecciones anticipadas aconsejado por Rivera, el problema de las pensiones, descontento general-, menos algunos de sus palmarios, el caos y el tancredismo del presidente propició la moción de censura que ganaría Pedro Sánchez. ¿Pudo hacerlo mejor Rajoy? Deseo ahora hacer una mención sobre la pinza que hacen tanto el PP como el PSOE contra el partido emergente de Albert Rivera, que tiene un atractivo y un moderno programa. ¿Savia política nueva? El artículo 2º de la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e “indivisible” de todos los españoles. Tanto radicales catalanes como la Comunidad Vasca, ¿no la conculcan?

La Constitución de 1978, ni tocarla. ¡Qué error! Me contestaba en una visita a Moscú el ministro de Cultura Gubenko a mi pregunta “¿qué es la Perestroika?” que era respetar lo bien hecho y mejorar las deficiencias -la URSS cambió de rumbo-. El PSOE de Pedro Sánchez ganó la moción, apoyado por siete partidos antagónicos. Aunque haya pactado Sánchez en bambalinas, sus apoyos antes de la moción, a primera vista, lo tiene muy difícil. Lejos quedó el Sánchez del “no es no”. Consensuar con esa amalgama es muy complejo, secesionistas, independentistas, antitodo, posibles ilegales y encarcelados por presuntos delitos de malversación...

Para poner la guinda a un pastel envenenado como es Bildu. El PNV merece un capítulo aparte. La cara buena del presidente Sánchez y su poder plausible de consenso se manifiesta en los 17 ministros, 11 mujeres y seis hombres. Tres más que Rajoy, entre los que se encuentran nombres de prestigio acreditado. Lógicamente que el Ejecutivo de transición Sánchez agote la legislatura absolutamente legal.

Reformar la ya obsoleta Constitución es una necesidad, consensuando con las fuerzas políticas constitucionales y democráticas, alguna ministra ha afirmado que con el PP ni hablar - error descomunal con un partido de 130 escaños desde los 84 del PSOE-. ¿Desea consensuar con independentistas catalanes y Bildu? Olvida que el gobierno saliente ha hecho el traspaso de poderes de forma educada y elegante, sin un mal gesto, de la misma forma la postura de Rajoy, que fue quien primero felicitó a su oponente y se despidió de la política con pena pero sin rencor ni nombrando a dedo a su sucesor.

Erradicar la corrupción, eliminar aforados, una justicia no politizada, no presidir el Gobierno más de dos legislaturas, las pensiones actualizarlas con arreglo al PIB... Se escucha por ahí que al presidente Sánchez no lo han votado los españoles, es que la moción de censura no la puede presentar los ciudadanos, son partidos acreditados. Pedro Sánchez ha tenido la valentía o la ambición plausible de liderarla y el deseo de los auténticos demócratas es que lo haga bien, sin hacer caso a “cantos de sirena” de ministras erradas.

Los españoles votaremos cuando adelante Sánchez la transición, o acabe la misma el 2020. Es el momento que los ciudadanos de buen criterio pongan a cada uno en su sitio.

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