Degeneración política
Publicado el 18/05/2018 a las 08:19
En el cuadro sobre las Javieradas expuesto en el Palacio Redín y Cruzat se llama “fascistas” a los asistentes a las Javieradas, puesto que Franco y Hitler presiden desde el cielo o desde las nubes el evento. ¿Alguien imagina que pudiera haber en esa exposición en lugar de ese cuadro otro que representase un Aberri Eguna y en el que los congregados estuvieran contemplados con arrobo desde las nubes por Sabino Arana y Hitler, esos dos hermanos gemelos en cuanto al racismo? Asirón no lo habría consentido. Tampoco habría permitido un cuadro representando La Diada y en el que apareciera Pujol llevándose un saco de dinero y donde los concentrados estuvieran presididos desde las nubes por la nueva estrella racista Torrá y por Hitler, otros dos siameses racistas? ¿Y un cuadro con republicanos celebrando el 14 de abril bajo la presidencia desde las nubes de Azaña y Stalin? Pues tampoco. Habría vetado todos estos posibles cuadros, porque para él y para el cuatripartito que lo sostiene hay que respetar a los independentistas, a los republicanos y a los comunistas, pero no hay que respetar a los cristianos sino humillarlos y burlarse de ellos. Lo dejó ya muy claro en la exposición del “artista” Azcona que organizó en Los Caídos al poco de conseguir la alcaldía, donde se mofó de ellos y les faltó al respeto. En cualquier actividad, también en la política, hay algo básico que es el saber estar; saber estar que requiere o consiste en un mínimo de educación, y que se manifiesta en el respeto a los que piensan diferente. Asirón no llega a ese mínimo.
¿Habría permitido un cuadro que representase la concentración del pasado 3 de junio en defensa de la bandera de Navarra y en el que la multitud estuviera presidida desde las nubes también por Franco y por Hitler? No nos cabe la menor duda. Estamos convencidos de que para él, los asistentes a esa manifestación merecen el mismo grado de respeto que los asistentes a las Javieradas, o sea ninguno. Y el mismo calificativo. No es sólo él. Hace poco tiempo Izquierda Unida llamó “fascistas” a los 44.000 navarros que en la guerra del 36 se levantaron contra la República cuando dijo que el Monumento a los más de 4.000 muertos era un monumento al fascismo. Como también eran cristianos y se rebelaron entre otras cosas contra la persecución de los comunistas (a los cristianos), no merecen respeto. En cambio, sí lo merecen los que lucharon en el otro bando, que según su seudodivino juicio sectario han de entrar en el cielo de la historia con el calificativo absolutorio de “demócratas”. No en el infierno con el de “estalinistas”.
A finales de la legislatura anterior hubo una campaña de descalificación de los políticos (“la casta corrupta …”) que tuvo suficiente éxito como para dar entrada y cancha a “Podemos”, y con eso posibilitó que Asirón en Pamplona y otros como él en otros municipios estén en la alcaldía, y que Barkos esté en la presidencia de Navarra. ¿La nueva casta es capaz de dirigir hacia mejor a Pamplona y a Navarra? ¿Podría dirigir hacia mejor a la Volkswagen o a cualquier empresa? Está ya muy a la vista que no, que dirigen a Navarra no hacia un futuro mejor sino hacia Euskadi. Como Asirón, muchos de ellos no saben ni estar, no tienen ni ese mínimo de educación que lleva a respetar a los que piensan diferente. Es verdad que la clase política ha ido perdiendo calidad desde el comienzo de la Transición, pero en esta legislatura ese deterioro se ha agudizado en España y muy especialmente en Navarra.
Vivimos en un sistema representativo. Según eso, si Asirón nos representa es que nos parecemos a él. Incluso que él es mejor que nosotros, porque si ha sido preferido a otros es porque destaca y merece ser tenido como modelo. ¿Podemos resignarnos a algo así? ¿Nos sentimos realmente representados por él o más bien avergonzados? Lo mismo podríamos preguntarnos a propósito de Cuenca, de Ainhoa Aznárez, de Araiz o de Barkos, pues decidió hace tres años ser la jefa del tinglado.