El patio de las flores, un nuevo hogar
Publicado el 17/05/2018 a las 21:02
El día que mi abuelo falleció, el 22 de marzo de hace un año, era su cumpleaños. Mis primos pequeños, ambos con menos de 8 años, no entendían cómo alguien podía morir el día de su cumpleaños, un día para todo niño rodeado de festividad y diversión. La noche en la que mi abuelo falleció llovía a cántaros, "el cielo está llorando por el abuelo, prima" me decían. Estuvo lloviendo todo el día siguiente y, después del entierro, fuimos toda la familia a cenar juntos a casa de mis abuelos. Fue un momento de recomposición, de miradas esquivas, de lagrimas por el recuerdo y sonrisas por dar ánimos a los que nos quedamos. Mi prima de 7 años preguntó que si el abuelo, con toda la lluvia que caía y había caído no iba a mojarse. Mi abuela le respondió: "No cariño, el abuelo está en un patio muy bonito lleno de plantas pero techado; él no se va a mojar aunque esté al aire libre." Ella, mi prima pequeña, le miró con cara de incredulidad y dijo: "Abuela, ahora está en su nueva casita e iremos a visitarle al patio de las flores, ¿verdad?". Aún sigo pensando como un ser tan pequeño e inocente, que ve un cumpleaños como una fiesta universal de la felicidad y diversión, puede hacer preguntas que los mayores no nos atrevemos a preguntar. La valentía, en muchas ocasiones, reside en los más pequeños.Para ti, abuelo.