Las cámaras no bastan

José Mª Redin Berdonce|

Publicado el 14/05/2018 a las 08:26

Esto supongo que estará a la orden del día, pero el otro día me contaba un amigo cómo fue testigo fehaciente de un falso hurto (al parecer por excesivo celo del operario) en una de las grandes superficies, llamados ‘híper’, de nuestra ciudad. Al parecer, una señora fue llamada su atención a la vez que se le requería mirar el bolso por sospechar que algo se llevaba. La señora, habitual cliente del comercio, naturalmente se vio sorprendida por tal error, como es normal. Ante la insistencia de la empleada (en este caso responsable de vigilancia) y ante el bochorno de la señora, como es normal, y la falta de tacto del operario se vio forzada a enseñarle la compra, el bolso y de más pertenencias para demostrarle que era inocente de tal acusación. Pero al parecer ahí no paró la cosa, sino que por la tozudez y excesivo celo de la empleada no le valían sus explicaciones… Y por más que la señora lo razonara y demostrara que no llevaba nada que fuera ilegal, la vigilante seguía en sus trece y tenía que encontrar en aquel desierto agua de mar. Ante tal insistencia, la señora trató de pedirle toda clase de explicaciones para saber en qué se basaba tal actitud. Y ahora es cuando viene la explicación más sencilla. El error fue haber confundido a esta señora con otra de físico parecido, pero de intenciones distintas. Al parecer, ante los sucesivos robos efectuados últimamente en este y otros grandes establecimientos de alimentación, se han visto en la necesidad de reforzar con la cooperación de los empleados la manera de supervisar lo que ya no es suficiente: poner cámaras o vídeos hasta debajo de los tiestos, de tal manera que quizás con excesivo celo protejan más las mercancías que al cliente cuestionado... Así es como explicaba mi amigo lo sucedido en este caso. Pero también a esto hay que añadir que ante una falta de tacto personal y sobredosis de fisonomista por parte del empleado, no hay que olvidar que un perdón a tiempo a la señora habría sido suficiente ante tan irremediable confusión. Digo yo que esto es lo que nos diferencia al ser humano de las cámaras, vídeos, y toda clase de tecnología. Porque estos robots, por mejor hechos que estén, nunca nos pedirán ni perdón, ni nos dirán “adiós”.


José Mª Redin Berdonce

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