Ubarmin y Redón
Publicado el 02/05/2018 a las 08:25
Leo con placer el artículo dedicado a Fernando Redón. He desarrollado casi toda mi vida profesional en la Clínica Ubarmin diseñada y realizada por él y debo reconocer que fue un privilegio, incluso diría que parte de la nómina. Su integración con la naturaleza del valle, su amplitud, su luminosidad son excepcionales. Pocos de mis colegas tanto españoles como extranjeros que la han conocido han dejado de envidiarla. Por ello me/nos fue tan dolorosa la agresión que, en nombre de la ley (¡Ah, la ley! ¡Cuántos desmanes se cometen en su nombre!) que obligaba a que la clínica dispusiese de escaleras de emergencia exteriores, se llevó a cabo. Las plantas de hospitalización, dos largos pasillos en forma de 'L', terminaban en cierres de cristal, con lo que la inmersión en el verde, en el bosque o el monte y la entrada de luz eran magníficas. Esto se transformó en cierres aportalados ciegos que dan a unas escaleras en 'Z'. Genial. En la clínica se opera a las personas de la espalda, cadera, rodilla, pie. ¿Creen que, en caso de incendio, esas personas pueden descender por unas escaleras -¡andando!-, ya que no son aptas para camillas o sillas de ruedas? Creo que es hora de reconsiderar esas salidas. En estos tiempos seguro que se puede hacer el cierre con elementos transparentes, sólidos y resistentes al fuego, y transformar las escaleras en una rampa en caracol que permita, esta sí, la evacuación de los que no puedan andar. La alternativa es dejarlos tostarse algo más que en la playa.
Juan José Rey Zúñiga