Las murallas, ¿patrimonio de la humanidad?
Publicado el 29/04/2018 a las 12:47
Dicen, quienes son conocedores del tema (incluidos algunos políticos), que la calidad arquitectónica, histórica, cultural, etc, de las murallas pamplonesas muestra una validez e importancia, una categoría muy superior al hecho para lo que fueron levantadas, para lo que fueron construidas. Es decir, como zona estratégico-defensiva de la capital navarra, hace de ello más de 400 años, sirviendo en la actualidad para otros menesteres menos bélicos que los que propiciaron su construcción, más sosegados. Algo que, en definitiva, supone un lugar de encuentro, de convivencia entre los pamploneses entre sí y de ellos a su vez con los visitantes. Un espacio donde se entremezclan la historia, el ocio, el entretenimiento, las tradiciones, sirviendo como polo de atracción todo el conjunto amurallado y a lo largo de todo el año. En este sentido existen muchas voces muy autorizadas, muy expertas, muy versadas en esta cuestión que propugnan realizar, cuando menos, la petición al organismo pertinente para que nuestras murallas sean declaradas patrimonio de la humanidad. Todas estas voces, conocedoras de las exigencias que regulan la inscripción en el listado correspondiente, se preguntan “¿por qué no se intenta, cuando menos, realizar los trámites necesarios para que todo el perímetro fortificado de nuestra ciudad sea una parte más de dicho patrimonio? En estos momentos en los que el consistorio parece estar dispuesto a poner en valor a la vieja Iruña, fortalecer la ciudad como marca turística no estaría de más, que una distinción de estas características figure junto al nombre de la capital navarra o de alguno de sus monumentos, como lo son -sin duda alguna- las murallas. Claro que para ello hay que empezar por la petición correspondiente, como digo, aunque por la sensación que se percibe a nivel de calle, los políticos no están por la labor de realizar dicha propuesta para que, posteriormente, la UNESCO valore positivamente la solicitud inscribiéndola en su catálogo. Lo cierto es que la percepción que recibe el ciudadano es de una dejadez y de una desidia por parte de los poderes públicos -sobre todo por los ediles de la capital-. Es un hecho que llama la atención poderosamente si nos atenemos a una situación anómala como es el que siendo España el segundo o tercer país con mayor número de anotaciones en el listado internacional correspondiente, Navarra de manera global y Pamplona en particular no aparecen por ninguna parte -al menos de manera individualizada, de forma única no existe apunte alguno-. ¿Por qué? Bien es verdad que en dos apartados aparece nuestra comunidad pero compartiendo “titularidad”. En el caso del camino de Santiago, en lo que se reconoce como camino francés, aparece junto a cuatro autonomías españolas más. Y en el caso de los hayedos de Lizardoia (Irati) y Aztaparreta (Belagua), que lo hacen junto a hayedos primarios de los Carpatos y otras regiones europeas y españolas. Lo que queda claro es que, de disponer de un reconocimiento único, nada de nada.
Por último, de un tiempo a esta parte, vemos cómo en la casilla de “patrimonio inmaterial” aparecen incluidos elementos tan reconocibles como las fallas, el flamenco, los Castell o castillos humanos de Cataluña, etc, o peticiones como la Rompida de Calanda, o las conocidas ‘tapas’, que para finales de año veremos si se hacen realidad, pasando a engrosar el listado de la UNESCO. Si ni Navarra ni Pamplona tienen reconocido nada, ¿de quién es la culpa?