La justicia

Miguel Ángel Martínez Janáriz|

Actualizado el 29/04/2018 a las 12:52

A veces, uno se formula preguntas sin respuestas mientras asiste atónito a ciertos acontecimientos de la vida cotidiana, que va encontrándose inesperadamente. Y entonces se pregunta: ¿por qué ese noble y verdadero sentimiento llamado justicia se prostituye desde esferas públicas o privadas o desde los tribunales de justicia, donde muchas veces uno siente indefensión, ante leyes injustas, y por qué hay leyes que no hacen sino fomentar el escepticismo de personas que van buscando protección y seguridad y se entorpece su objetivo, que no es otro, que el de impartir justicia? La justicia no debe ser nunca una palabra que con frivolidad, como ocurre hasta ahora en muchos casos, circule por los despachos aceleradamente sin pudor. La justicia debe ser una constatación de que nuestros derechos y nuestra dignidad como personas están protegidos y, así, sentirnos liberados de cualquier agravio que se nos pudiera presentar en el futuro. ¿Por qué manchan la palabra justicia algunos políticos que no creen en ella, y por qué la escuchamos tantas veces de sus bocas como un mantra, escupiendo su raíz y su verdadero sentido?

¿Y por qué también se mancha en las Naciones Unidas, cuando hablan de los pobres, de los desahuciados, de los derechos de los hambrientos, por qué la manchan con sus comunicados que no son sino papel mojado que ya nadie escucha? ¿Por qué la mancha el presidente de Siria en colaboración con Rusia, cuando atacan con impunidad a la población civil con armas químicas? ¿Por qué la prostituyen también el resto de países que no hacen nada para combatir semejante injusticia? ¿O por qué la mancha la Unión Europea entorpeciendo el trabajo de los barcos de ONGs que navegan por el Mediterráneo, con mejor o peor fortuna, intentando salvar vidas de inmigrantes que huyen de guerras y miserias?

¿Por qué manchan la palabra justicia los poderosos, el sistema económico mundial, los bancos, las oligarquías, por qué se aferran a esa noble palabra para engrandecer y embellecer sus discursos vacíos? ¿Por qué no piensan en la palabra justicia como un ente dotado de alma, que no solo de cuerpo, sensible a cualquier cambio de humor y tan delicada como una flor de porcelana? Dejen de usar la palabra justicia y cuando se dirijan a nosotros -ingenuos habitantes de este planeta enrarecido-, digan simplemente y sin que se les caiga la cara de vergüenza: “Así de mal esta el mundo por nuestra culpa y porque no hay justicia”.

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