La cámara de los horrores y el Hospital García Orcoyen


Actualizado el 13/10/2026 a las 07:13
Soy consciente de que en Osasunbidea, y concretamente en las Urgencias del Hospital García Orcoyen de Estella-Lizarra, existe una mayoría de profesionales que son auténticos ángeles de bata blanca. Pero también creo que las actuaciones de una minoría pueden empañar la excelente labor de tantos sanitarios comprometidos con la sanidad pública.
El martes 6 de octubre acudí a Urgencias por un episodio de hematuria con coágulos. Me colocaron una sonda vesical con suero lavador. Las consecuencias fueron inmediatas: retortijones y dolores breves, agudos, intensos y en oleadas que no cesaban.
Pese a mis reiteradas advertencias, el dolor persistía. Me administraron Buscapina por vía intravenosa, sin resultado. Finalmente, continuando con los mismos dolores, me enviaron a casa con la indicación de mantener la sonda durante diez días y una receta de Buscapina de 10 mg.
Durante las siguientes 48 horas viví un auténtico suplicio. Dos días de dolor, angustia y sufrimiento, convencido de que debía soportarlo porque el médico ya conocía mi situación y, aun así, me había enviado a casa. La medicación prescrita tampoco conseguía aliviar el dolor.
El jueves 8 de octubre regresé a Urgencias en un estado lamentable, con un dolor inaguantable. Me retiraron la sonda y, con ello, volvió la calma. Volvió la vida.
Y ahora me hago unas preguntas que considero ineludibles: ¿se colocó correctamente la sonda? ¿Se valoraron adecuadamente mis reiteradas manifestaciones de dolor? ¿Era necesario soportar 48 horas de sufrimiento para que finalmente se decidiera retirarla?
No tengo respuestas. Nadie me las ha dado.
Lo ocurrido exige una investigación y, si se detectan errores, la adopción de las medidas correctoras necesarias y la asunción de las responsabilidades que correspondan. No basta con colocar una sonda, administrar un medicamento y enviar a un paciente a casa cuando el dolor persiste. La atención sanitaria exige escuchar, valorar los síntomas y revisar la actuación cuando el tratamiento no funciona.
Las Urgencias están para aliviar el sufrimiento, no para convertirlo en una prueba de resistencia.
Lo sucedido entre el 6 y el 8 de octubre no puede quedar reducido a una mala experiencia personal. Necesito saber qué ocurrió, por qué se mantuvo aquella situación pese al dolor que manifesté y si se cometió algún error asistencial.
Porque cuando un paciente soporta un dolor tan intenso durante dos días y encuentra alivio tras la retirada de una sonda, la pregunta ya no es solamente cuánto tuvo que sufrir, sino por qué tuvo que sufrir y si ese sufrimiento podría haberse evitado.
No escribo para desacreditar a la sanidad pública, sino para exigir que esté a la altura de los principios que la justifican: atención, diligencia, humanidad y respeto al paciente.
Me reservo el derecho a ejercer las acciones administrativas o judiciales que pudieran corresponderme para esclarecer los hechos y exigir las responsabilidades que, en su caso, se determinen.
José María Puyol Ruiz.