Especializar la enfermería, sí, pero hagámoslo bien

La propiedad del centro de salud de Azpilagaña, objeto de disputa
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Imagen del centro de salud de AzpilagañaLUIS CARMONA
La propiedad del centro de salud de Azpilagaña, objeto de disputa

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Lorena Romero Sainz. Enfermera del Equipo de Atención Primaria de Azpilagaña

Publicado el 03/10/2026 a las 05:00

Soy enfermera y llevo casi 20 años trabajados. Durante este tiempo he pasado por diferentes ámbitos, entre ellos; neonatos, planta de cirugía, psiquiatría… pero si hay un lugar en el que siempre he sentido que quiero estar es en Atención Primaria. Actualmente tengo la suerte de trabajar en aquello que más me gusta. Precisamente porque conozco esta realidad desde dentro, me preocupa el revuelo que se está generando en los últimos meses alrededor de la especialización de las plazas de Enfermería Familiar y Comunitaria en Navarra.

Quiero dejar claro algo desde el principio: estoy a favor de la especialización. No parece razonable que una enfermera pueda trabajar un día en anestesia, otro en quirófano, otro en una planta de cardiología y a siguiente en Atención Primaria, esperando que pueda desarrollar en todos estos ámbitos el mismo nivel de conocimiento y competencias. La especialización tiene sentido y contribuye a mejorar la calidad de los cuidados. Mi preocupación no es que se especialicen las plazas, es cómo se está planteando hacerlo. Poco antes de verano, desde la Subdirección de Atención Primaria junto con Función Pública, se nos trasladó que se iban a crear plazas con perfil de especialista. A día de hoy, muchas profesionales seguimos sin tener claro cuál será finalmente el procedimiento, qué plazas se transformarán, cuales se crearán y, sobre todo qué ocurrirá con las enfermeras que actualmente trabajamos en Atención Primaria. Creo que la población tiene derecho a conocer esta situación. Porque detrás de esta reorganización hay profesionales que llevan muchos años trabajando en Atención Primaria. Enfermeras que independientemente de tener o no el título de especialistas, han desarrollado competencias, conocimientos y funciones propias de éste ámbito. Actualmente convivimos en los centros de salud enfermeras especialistas por diferentes vías; algunas hemos obtenido la especialidad por vía excepcional y otras mediante los dos años de formación sanitaria especializada. Y también hay muchas enfermeras generalistas que llevan cuatro, diez o más años trabajando en Atención Primaria. Todas ellas forman parte de la realidad actual de nuestros centros de salud. Muchas de esas enfermeras generalistas están realizando, en la práctica diaria, funciones que se han planteado como propias de las plazas con perfil de especialista.

No creo que eso deba utilizarse para cuestionar la necesidad de la especialización, pero tampoco creo que pueda ignorarse cuando se diseña la transición hacia un nuevo modelo. Y esto plantea una pregunta evidente: ¿tendremos que dejar de desempeñar estas funciones, que llevamos años realizando, y delegarlas a las enfermeras especialistas? Y aquí es donde falta algo fundamental: un plan de transición. Un plan que permita avanzar hacia la especialización sin generar desigualdades entre compañeras, que reconozca la experiencia profesional acumulada y que ofrezca una vía razonable para que las enfermeras que llevamos años trabajando en Atención Primaria podamos evolucionar hacia el nuevo modelo. No se trata de enfrentar a enfermeras especialistas y generalistas, ni de decir quién trabaja mejor. Tampoco se trata de negar el valor de una formación especializada de dos años .Se trata de ordenar una situación que se ha construido durante muchos años y hacerlo de una manera justa, equitativa y transparente.

Las enfermeras tenemos como prioridad cuidar a las personas y dar respuesta a sus necesidades. En un momento en el que Atención Primaria soporta una importante sobrecarga asistencial, creo que no deberíamos estar dedicando nuestra energía a enfrentarnos entre nosotras. La incertidumbre está generando malestar entre profesionales, incertidumbre que podría evitarse si existiera un procedimiento claro y justo para todas.

He trasladado estas preocupaciones en varias ocasiones a la Subdirección de Atención Primaria mediante correos electrónicos. Al no haber recibido las respuestas que esperaba, he decidido hacer algo que inicialmente podría haber evitado: compartir públicamente mi opinión. No pretendo hablar en nombre de todas las enfermeras. Hablo como una enfermera que ha conocido diferentes ámbitos asistenciales y que ha elegido Atención Primaria porque cree en ella.

Mi petición es sencilla: Que la especialización se haga, pero que se haga bien. Que los criterios sean claros, equitativos y transparentes para todas las profesionales. Que se explique qué modelo se pretende implantar, cómo se van a transformar o crear las plazas y qué va a ocurrir con las enfermeras que actualmente trabajan en Atención Primaria. También, establecer un verdadero plan de transición de generalistas a especialistas, que permita reconocer la experiencia y la formación de quienes llevan años trabajando en Atención Primaria y facilite una evolución ordenada hacia el nuevo modelo. Porque especializar no debería significar dividir, debería significar avanzar.

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