La siniestralidad laboral en Navarra: un grave problema
Publicado el 18/08/2026 a las 07:16
Que Navarra aparezca a la cabeza de la siniestralidad laboral debería preocuparnos a todos. Es cierto que las estadísticas de accidentes de trabajo requieren una lectura prudente. Medir la siniestralidad no es sencillo y existen factores que pueden distorsionar las comparaciones. Incluso una mejor comunicación y registro de los accidentes puede empeorar determinados indicadores. Pero esos matices no deberían servir para apartar la mirada del problema. La pregunta es si podemos permitirnos seguir haciendo lo mismo. Durante décadas se ha desarrollado legislación, procedimientos, evaluaciones de riesgos, formación, sistemas de gestión, inspecciones y una importante estructura profesional dedicada a la prevención. Todo ello ha sido necesario y ha contribuido a mejorar las condiciones de trabajo. Pero los resultados indican que no es suficiente. Quizá el siguiente avance no vendrá de incorporar una nueva obligación, añadir otro riesgo a la evaluación o introducir un procedimiento más. Si nos limitamos a poner parches sobre el modelo existente, conseguiremos mejoras parciales, pero difícilmente el cambio que necesitamos.
Ese cambio pasa, en primer lugar, por entender la prevención como un interés compartido. No puede ser únicamente responsabilidad del empresario, ni quedar en manos de técnicos y servicios de prevención, de la Administración o de los representantes de los trabajadores. Empresarios, directivos, trabajadores, organizaciones sindicales y empresariales, servicios de prevención, mutuas, Administración, universidades y centros tecnológicos tienen perspectivas e intereses diferentes. Pero existe un punto en el que necesariamente deben encontrarse: que ninguna persona pierda su salud o su vida por trabajar.
Esto exige evolucionar desde una prevención centrada fundamentalmente en el cumplimiento hacia otra basada también en la participación, la responsabilidad y el compromiso. Pasar de reaccionar ante los accidentes a anticiparnos a ellos. Y pasar de gestionar los riesgos que ya conocemos a detectar aquellos que están apareciendo. La realidad está cambiando y los riesgos también. Las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a identificar situaciones peligrosas, gestionar mejor la información y anticiparnos. Al mismo tiempo, fenómenos como las temperaturas extremas, las inundaciones o los incendios demuestran que la seguridad laboral ya no puede analizarse exclusivamente dentro de los límites tradicionales del puesto o del centro de trabajo.
Navarra dispone de conocimiento, empresas comprometidas, profesionales cualificados, organizaciones empresariales y sindicales con experiencia, centros tecnológicos, universidades y una Administración con capacidad para impulsar iniciativas. Tenemos muchos de los ingredientes necesarios. Quizá lo que falta es conectarlos de otra manera. No se trata de buscar culpables ni de que cada organización defienda su parcela. Un problema complejo no puede resolverse desde compartimentos estancos.
Necesitamos escuchar más a quienes trabajan, compartir conocimiento entre empresas, aprovechar la experiencia de los profesionales, incorporar tecnología allí donde aporte valor, analizar los nuevos riesgos antes de que se conviertan en accidentes, crear espacios reales de colaboración y debemos medir los resultados. Innovar en prevención no consiste en hacer cosas nuevas, sino en comprobar cuáles funcionan y extenderlas. Estar a la cabeza de la siniestralidad laboral es una mala noticia para Navarra. Pero también puede convertirse en un revulsivo. Tal vez sea el momento de exigirnos algo más que explicar las estadísticas o añadir nuevas medidas al sistema existente. Tenemos que preguntarnos qué podemos hacer diferente. No necesitamos más prevención como suma de obligaciones, necesitamos mejor prevención como suma de compromisos.
Una prevención capaz de anticiparse, incorporar conocimiento y tecnología, entender los nuevos riesgos y conseguir que todos los implicados se sientan parte de ella. Porque la prevención no es el interés particular de ninguno, es un interés compartido de todos. Y quizá esa sea la pregunta que deberían dejarnos los datos de siniestralidad de Navarra, no solo qué está fallando, sino qué estamos dispuestos a hacer, juntos, de otra manera.
Santiago Pangua Cerrillo