La verdadera cara de los movimientos propalestinos

Imagen con un pañuelo de San Fermín con la bandera de Palestina de fondo
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Imagen con un pañuelo de San Fermín con la bandera de Palestina de fondoDN
Imagen con un pañuelo de San Fermín con la bandera de Palestina de fondo

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Iñigo Muerza Erroz

Actualizado el 13/07/2026 a las 07:36

Un año más, las fiestas de San Fermín arrancaron en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona con una pancarta de EHKS (Consejo Socialista de Euskal Herria) de considerable tamaño con la consigna “Destroy Israel” (destruir Israel) que, aunque invisibilizada por los partidos y medios locales, fue difundida por todo el mundo a través de la retransmisión en directo del chupinazo de RTVE y su réplica en las redes sociales.

A unas fiestas cada vez más marcadas por la pérdida de espontaneidad y por los cambios en los hábitos y las preferencias de la gente -que han ido erosionando paulatinamente su carácter popular- ahora sólo les hace falta el remate de la imagen de radicalidad e intolerancia que proyectan los grupúsculos de extrema izquierda con una instrumentalización de un conflicto complejo marcado por la violencia, la xenofobia y el fundamentalismo religioso en el cual a menudo las víctimas del mismo son presentadas como victimarios y los victimarios como víctimas.

Tanto hablar de genocidio por aquí, genocidio por allá, y son precisamente quienes se exhiben constantemente como falsos concernidos con tan grave delito de lesa humanidad los que dan señales de querer llevar a cabo aquello que tanto denuncian mostrando con ello el verdadero espíritu y la naturaleza de la causa que dicen defender. Y remarco la importancia del exhibicionismo en todo esto.

Como antiguo activista y militante de parte de esa extrema izquierda que tanto daño está causando en Navarra en los últimos años, puedo afirmar que no hay más ánimo en todos esto que el de instrumentalizar un conflicto ajeno para obtener rédito político, dinero fácil (subvenciones, financiaciones del exterior) o estatus social a partir de una realidad que ni se comprende ni se pretende comprender; mucho menos solucionar. El antisionismo se ha convertido para una parte del espectro político en una señal de identidad, una oportunidad para señalar virtuosidad moral y pertenencia de grupo como tantas otras en donde el problema de fondo es lo de menos y la búsqueda de reconocimiento lo principal.

Conozco pocos antiguos compañeros que sean capaces de poner en el mapa a alguno de los países de lo que se conoce popularmente como Oriente Medio. Menos, lo que puedan explicar las tensiones históricas, culturales, étnicas y religiosas de una región que ha sido cuna de civilizaciones. Muchos, sin embargo, que son capaces de tomar partido firmemente a partir de consignas y aproximaciones meramente emocionales. Algunas de estas personas participaron en un proyecto político levantado en este país hace unos años con apoyo económico del régimen iraní. Otras se han beneficiado de prebendas y/o generosos acuerdos con gobiernos alineados con la Venezuela chavista. Los hay también que ahora llaman a la puerta de China.

EHKS no resulta muy original, queriendo romper con sus mayores (EH Bildu y Sortu) repiten uno por uno los mismos errores que estos, y otros, cometieron antes que ellos. Y los comenten por las mismas razones que motivaron a sus bien asentados antecesores.

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