El ferrocarril, un viaje apasionante

Tren con altas temperaturas
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José Ignacio Palacios Zuasti

Publicado el 12/07/2026 a las 05:00

Jueves 9 de julio, después de las dos de la tarde y con tiempo suficiente para coger el tren Alvia a Madrid que tiene su hora oficial de salida a las 15:05 horas, llego a la Estación de RENFE de Pamplona. El móvil me dice que estamos a 36 grados, que está soleado y que tenemos clima adverso con un aviso amarillo por altas temperaturas, a lo que añade: “Este fenómeno se inició el jueves 9 de julio a las 13:00 horas”. Al intentar acceder al vestíbulo de la Estación me encuentro con la sorpresa de que dos personas de RENFE me lo impiden y me dicen que “solamente se puede entrar 20 minutos antes de la salida del tren”. Al preguntarles “¿dónde hay que permanecer?”, me responden: “usted verá”. Por lo que me marcho a la búsqueda de un árbol para cobijarme a la sombra.

La megafonía estaba colocada para que se pudiera oír desde el exterior. Por ella, y en repetidas ocasiones, anunciaron que el Alvia procedente de Madrid tenía prevista la llegada a las 14:50 horas, a lo que, eso sí, añadían la coletilla de “perdonen las molestias”. Como en ese tren era en el que teníamos que montarnos, lógicamente, el mío no iba a salir a la hora, por lo que había que seguir de pie, debajo del árbol, hasta que nos avisaran.

Cuando esto sucedió, delante de la fachada principal de la Estación, que está orientada al sur, y bajo un sol tórrido, había dos largas filas de gentes de todas las edades y situación en las que te tenías que colocar hasta poder acceder al Vestíbulo, del que habían retirado los asientos, que estaban en un rincón. Allá y con unas cintas había marcado un sinuoso camino por el que había que andar, al tiempo que ibas recibiendo órdenes del personal, que las daban con unos altavoces portátiles: “júntense más”, “sólo pasajeros”, “formen dos filas”. Así hasta llegar cerca de la puerta de acceso al Anden, en donde estaba situado el control de billetes. Una vez pasado este, se accedía al Anden, ¡por fin alcanzabas la sombra! y allá, y con el mismo complejo de animal estabulado, te encontrabas con otro larguísimo camino sinuoso, en el que el personal seguía reiterando las mismas órdenes imperativas.

Después de una larga espera, pudimos acceder al tren. Este emprendió su salida a las 15:19 horas, con “sólo” 14 minutos de retraso, y llegó a la Estación de Atocha con media hora de demora, por lo que te podías sentir afortunado por tan “breve” retraso. Eso sí, en ningún momento se nos dio ningún tipo de explicación, ni se nos dio ninguna clase de disculpas por haber sido tratados como ganado, ni por la falta de puntualidad. Lo que sí podías leer cuando avanzabas por el Vestíbulo era un cartel de ADIF que decía: “El ferrocarril, un viaje apasionante”. Efectivamente, ADIF/RENFE ha logrado un deterioro tan grande del servicio en estos últimos años que para tener “experiencias apasionantes” ya no se necesita ir a un safari, sino que las puedes encontrar sin salir de Pamplona.

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