León XIV y el ejemplo de los primeros cristianos


Publicado el 17/06/2026 a las 15:46
Durante su reciente visita a España, el papa León XIV ha insistido en que la fuerza de la Iglesia no nace de la grandeza de sus medios, sino de la santidad de sus hijos y de la fidelidad humilde a Cristo. En sus discursos ha invitado a los cristianos a ser presencia de esperanza en medio de una sociedad fragmentada, recordando que el Evangelio no se transmite principalmente mediante estrategias, sino a través del testimonio personal. En la vigilia de oración animó a los jóvenes a ser “chispa de una humanidad nueva”.
Esta llamada conecta con la experiencia de los primeros cristianos, para quienes la fe era algo vivo que impregna toda la existencia. Su ejemplo ayuda a redescubrir una realidad que puede parecer lejana en el tiempo, pero que resulta extraordinariamente actual.
Aquellos hombres y mujeres no disponían de medios de comunicación ni redes sociales, carecían de influencia política y constituían una pequeña minoría dentro del Imperio romano. A pesar de ello, transformaron el mundo.
¿Cómo lo hicieron? El ejemplo de su vida: ahí estuvo la clave. Este es el tremendo poder transformador del buen ejemplo… Los primeros cristianos no se dedicaron, principalmente, a predicar, ni a adoctrinar, no tenían una estrategia de actuación sociológica, o de control y dominio cultural, religioso, etc. Vivían con total naturalidad la fe en cada minuto de su día y eso hizo que sus vidas llamasen la atención de sus coetáneos, atrajeran como un imán, fueran faro que iluminaba a los demás.
San Juan Crisóstomo explicaba que la fuerza del buen ejemplo es tal que, si de verdad fuéramos coherentes los cristianos, nuestra vida llevaría a los demás a convertirse: "Sobrarían las palabras, si mostrásemos las obras. No habría un solo pagano, si nosotros fuéramos verdaderamente cristianos".
Su fe se reflejaba en la familia, en el trabajo, en la atención a los pobres, en la manera de afrontar el sufrimiento y en la capacidad de perdonar.
Quizá ahí se encuentre una de las lecciones más necesarias para nuestro tiempo. Vivimos en una cultura donde abundan los mensajes, las opiniones y las discusiones, pero donde escasean, a veces, los testimonios convincentes. Muchas personas no rechazan a Cristo; simplemente no han encontrado a cristianos cuya vida despierte preguntas.
Los primeros cristianos no conquistaron corazones por campañas de imagen. Lo hicieron ofreciendo una forma distinta de vivir. En una sociedad marcada por la desigualdad, practicaban la fraternidad. En una cultura acostumbrada a la violencia, respondían con mansedumbre. En un mundo donde el poder era el valor supremo, servían a los demás. Su novedad era tan visible que resultaba difícil ignorarla.
Es fácil advertir el paralelismo con la situación actual. También hoy los cristianos se encuentran en un contexto secularizado y, en muchos ambientes, culturalmente minoritario. Precisamente por eso, el ejemplo de los primeros cristianos adquiere una fuerza especial. Nos recuerda que el futuro de la fe no depende tanto de las circunstancias externas como de la autenticidad con que se viva.
León XIV animó a los jóvenes españoles a trasformar el mundo y cambiar la historia: “mirad a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6). Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! (Vigilia de oración con los jóvenes en plaza de Lima, 6 de junio de 2026).
Tal vez la pregunta decisiva no sea cómo recuperar influencia social, sino cómo recuperar la frescura de aquellos hombres y mujeres que cambiaron la historia porque habían encontrado a Cristo. Como ha recordado León XIV en España, la fe vuelve a resultar atractiva cuando se convierte en vida.
Gabriel Larrauri Aguirre dirige la web www.primeroscristianos.com