Es preocupante la creciente sensación de impunidad y agresividad que muchos ciudadanos percibimos en nuestro día a día


Publicado el 14/05/2026 a las 05:00
Quisiera relatar un episodio desagradable que vivimos recientemente junto a la estación de autobuses de Pamplona y que, por desgracia, casi siempre suele ser por la misma clase de gente, me vais a perdonar.
Íbamos en coche para dejar a mi hijo y a su novia, que iniciaban un viaje. En el momento de aparcar apareció de forma repentina un joven en patinete por la carretera en dirección contraria, que estuvo a punto de ser alcanzado por nuestro vehículo. Nuestra única reacción fue levantar las manos en señal de advertencia y sorpresa, sin insultar ni faltar al respeto a nadie.
Sin embargo, una vez estacionamos, el joven, que se notaba que no era de aquí, se acercó a nosotros, preguntándonos que le habíamos dicho. Le dijimos que nada, puesto que nada más ver su actitud nos percatamos de la situación, pero él de manera agresiva comenzó a gritarnos e insultarnos gravemente, utilizando expresiones como me cago en tus muertos, en tú p. madre, y otros insultos aún más desagradables. Intentamos rebajar la tensión diciéndole únicamente que tuviese cuidado, que casi le atropellamos; pero lejos de calmarse continuó provocándonos y faltándonos al respeto de manera insistente. Además recalcándonos que tenía 17 años, ¿quizás porque así nos podría haber denunciado? Ahí lo dejo. Lo más incómodo fue que el joven no se marchaba. Permanecía junto a nosotros, increpándonos continuamente y buscando claramente la confrontación. Mi hijo se puso delante de mí para intentar evitar que la situación fuese a más, pero aun así el chico llegó a empujarle, haciendo que estuviese a punto de ser alcanzado por otro vehículo. Todo ello ocurrió ante numerosas personas que presenciaban la escena sin que nadie interviniese para intentar tranquilizar la situación.
Yo misma le advertí varias veces de que no me obligase a llamar a la policía, pero era imposible razonar con él. Todavía sigo sin comprender qué pretendía conseguir con aquella actitud de intimidación y agresividad gratuita. Más allá del susto inicial, lo verdaderamente preocupante es la facilidad con la que algunas personas reaccionan con violencia verbal y desafío ante cualquier situación cotidiana. La convivencia exige respeto, educación y autocontrol por parte de todos, ya seamos conductores, peatones o usuarios de patinetes.
Lo preocupante no es únicamente el origen de quien protagonizó los hechos, sino la creciente sensación de impunidad y agresividad que muchos ciudadanos percibimos en nuestro día a día.
No deberíamos normalizar este tipo de comportamientos agresivos en nuestras calles. La crispación, los insultos y la intimidación no pueden convertirse en algo habitual en la vida diaria.
Irene Zalba Cabanillas