El relato: la concentración de ANVITE y la 'antifascista'


Publicado el 10/02/2026 a las 05:00
El pasado domingo 8 de febrero asistí a la concentración convocada por ANVITE para el recuerdo de todas las victimas ejecutadas por la banda terrorista ETA y en contra del blanqueo de la misma. El día amaneció nublado y lluvioso, igual de triste y desangelado que transcurrió el evento en el que participé. No por la organización del mismo sino por la escasa asistencia de la población pamplonesa. Allí acudieron un grupo de políticos y lo que creo que en su mayoría serían familiares afectados directamente por la lacra etarra. Ajenos a la violencia directa de la misma, éramos los menos.
El fin de semana anterior, tuvo lugar, también en Pamplona, una concentración, en este caso en contra del “fascismo” que tuvo como punto de reunión la Plaza de la Libertad. Parte de la misma, pasó por debajo de mi casa. La sección que desfiló delante de mí balcón (que no era toda la población concentrada), fácilmente multiplicaba por tres a los asistentes al evento primero.
Si atendemos a los asistentes. En el acto de ANVITE pudieron asistir un máximo de 4 personas (siendo generoso) que se encontraban por debajo de los 40 años de edad. Por debajo de mi balcón, el fin de semana anterior desfilaron decenas de padres y madres con sus hijos, en su inmensa mayoría menores de esa edad.
Si atendemos a la historia reciente de esta tierra, obtenemos la cifra de 42 personas asesinadas por la banda terrorista ETA en los últimos casi 50 años, entre políticos, empresarios y agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Todos ellos, por motivos estrictamente ideológicos.
Las mismas personas que decidían quien vivía y quién no en esos años, están en este momento en la dirección de la izquierda abertzale que gobierna Pamplona, que condiciona directamente los presupuestos de Navarra y a la que el Gobierno de España cede a discreción lo necesario para mantenerse en el poder.
Personas cuya historia de vida está regada de acciones tan diametralmente opuestas a cualquier idea que tenga que ver con la democracia que el listón mínimo de exigencia moral les excluye de representación pública alguna.
Por otro lado, tenemos el viejo fantasma del fascismo, un fenómeno que se muestra en auge fruto, entre otras, del descontento con los que gobiernan y de un sistema político y mediático que nos quiere enfrentados, pero que, al menos, en esta tierra tiene una representación mínima e irrelevante en la toma de decisiones y al que no se le conocen delitos del calibre de los descritos en las líneas precedentes. Son estos algunos eventos que suceden en la calle, que es el espacio de todos, uno de los lugares donde se forma en mayor o menor medida la opinión de muchos ciudadanos que decidimos quien nos representa en las instituciones públicas. Se trata de manifestaciones de visiones diferentes de una historia común.
Si el relato de esta historia tiene un campo de juego, bien podría ser este. El que todos transitamos, en el que todos convivimos, en el que vivimos. Ocupar ese espacio y poder recordar en él, la historia que nos precede para configurar la que está por venir es derecho y deber de todos los ciudadanos.
Quedarse en casa, caer en el desánimo mediático, participar del juego de la democracia únicamente una vez cada cuatro años, dejar que otros copen el espacio que nos corresponde a todos será, tristemente, perder la batalla del relato.
Arturo Lecumberri Martínez, exconcejal del Ayuntamiento de Pamplona