La suciedad ideológica en Sarriguren

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Javier Villanueva Aldave

Publicado el 09/02/2026 a las 05:00

Hay formas muy distintas de expresar una idea o pensamiento político. Unas enriquecen la  convivencia. Otras, la destrozan.

Las pintadas que inundan Sarriguren no son simples garabatos ni expresiones artísticas espontáneas.  Son actos deliberados de propaganda ideológica que utilizan el espacio público como soporte de  imposición y señalización a quien piensa diferente. Quienes creemos y vivimos en democracia asumimos que las ideas se defienden con palabras, argumentos y votos, no con eslóganes trazados a spray sobre muros ajenos y comunes. Está claro que hay quien no vive, ni cree, en estos ideales.

Sarriguren está lleno de pintadas que atacan directamente a la libertad democrática sustituyendo el debate por el señalamiento. Convertir paredes y fachadas en altavoces de una sola visión política no es participación ciudadana, como algunos defienden. Es ocupación simbólica y partidista del espacio común.

Cada pintada supone un desprecio al esfuerzo colectivo y social de quienes trabajan y apuestan por mantener Sarriguren y el Valle de Egüés cuidado y habitable. Además, supone una falta de respeto a vecinos y comerciantes que ven cómo sus fachadas se convierten en tablones de propaganda sin haber dado jamás su consentimiento.

Especialmente me preocupa el trasfondo que revelan muchas de estas acciones. Se trata de una estrategia de agitación que instrumentaliza a la juventud como brazo ejecutor de una confrontación ideológica permanente. En lugar de promover pensamiento crítico, diálogo y respeto, se empuja a jóvenes a reproducir consignas y a participar en dinámicas de tensión que poco tienen que ver con una sociedad abierta y plural.Por eso es imprescindible una condena clara y sin matices de estas prácticas. Porque normalizar el  vandalismo político es abrir la puerta a que la imposición sustituya al diálogo.

Una democracia madura no necesita paredes que griten consignas. Necesita ciudadanos que piensen, hablen, discrepen y convivan. Pero para ello, está claro que hay que tener un nivel de  educación. Quiero agradecer y felicitar a los autores que han tenido la irresistible necesidad de pintarrajear los  bajos de mi vivienda familiar. Una expresión artística de dudosa calidad y mal gusto. Una especie de ritual trasnochado de quien se ha quedado superado por la historia y la realidad, y trata de mirar al pasado consciente que cada día pasa, se hunde sin solución de continuidad en la marginación  social.

Pintadas como estas, expresan el fracaso del sistema educativo, que es incapaz de encauzar y  recuperar para la sociedad a estos grupos marginales reducidos de jóvenes y no tan jóvenes.

Javier Villanueva Aldave. Concejal de Juventud por UPN en el Ayuntamiento del Valle de Egüés

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